Las sobras del escarnio se mueven, sombrías, al ritmo del talón de Aquiles.
En un umbral disperso, borroso ya en su amor con la memoria, resplandecen las hojas clarividentes del dolor.
Hojas de malva,
hojas o lavanda o fiebre fluorescente por las plantas de los pies que nos levantan
arreando recortes de hierros como venas del objeto amado.
Nada es rojo ya, granate dispuesto
ofrenda lujosa
sin cuerpo
sin peso.
Arrullo de río
plenitud de tornillos y pescados
barca olvidada.
En un umbral disperso, borroso ya en su amor con la memoria, resplandecen las hojas clarividentes del dolor.
Hojas de malva,
hojas o lavanda o fiebre fluorescente por las plantas de los pies que nos levantan
arreando recortes de hierros como venas del objeto amado.
Nada es rojo ya, granate dispuesto
ofrenda lujosa
sin cuerpo
sin peso.
Arrullo de río
plenitud de tornillos y pescados
barca olvidada.