carlos garcía
Poeta recién llegado
Aimé
Adéntrate cauteloso al pisar una hebra siquiera
el pasto hace crujir la seca de este año
no te urjo, que no te malquiste la prontitud
que sea el tuyo un tribunal de aletargados
aprehende la parsimonia de la balaustrada
no protesta la telaraña
no y se descascara y decolora
agradece la caricia equilibrante
el malabarismo de tus brazos.
El mosquitero renguea y llora por la herrumbre
cascajos del mosquitero como confeti
rastro de paciencia, si te fijas
hace tiempo la casa anda lenta
dócil de modos
blanquea la pared: tu espalda
pero no te quites
sostenla un rato
buena falta le hace;
adéntrate de tacto y procura
aquí rezongan los muebles
tartamudean los aparatos
despercuden los pisos
lagrimean las luces
que sea tu palma enebro
al sopesar a oscuras
cada grieta en el corredor
su dolencia de grillos
acércate
escucha
el picaporte
un rumor de vela
llama
candil de la calle
entra.
Adéntrate cauteloso al pisar una hebra siquiera
el pasto hace crujir la seca de este año
no te urjo, que no te malquiste la prontitud
que sea el tuyo un tribunal de aletargados
aprehende la parsimonia de la balaustrada
no protesta la telaraña
no y se descascara y decolora
agradece la caricia equilibrante
el malabarismo de tus brazos.
El mosquitero renguea y llora por la herrumbre
cascajos del mosquitero como confeti
rastro de paciencia, si te fijas
hace tiempo la casa anda lenta
dócil de modos
blanquea la pared: tu espalda
pero no te quites
sostenla un rato
buena falta le hace;
adéntrate de tacto y procura
aquí rezongan los muebles
tartamudean los aparatos
despercuden los pisos
lagrimean las luces
que sea tu palma enebro
al sopesar a oscuras
cada grieta en el corredor
su dolencia de grillos
acércate
escucha
el picaporte
un rumor de vela
llama
candil de la calle
entra.