Nay
Poeta fiel al portal
Se que trato de engordar el resultado para que sea más tangible
aunque tal vez todo sea una mera fantasía.
Se que esperaba un resultado apoteósico
y que me encuentro con esta extraña tranquilidad
en que estereotipos han sido reducidos a un mero juego de palabras.
Me pregunto por los oponentes y recuerdo que este siempre ha sido el mayor de mis solitarios.
Detrás de mi verdadero hábitat me enciendo y me defiendo de la nada.
Pierdo el tiempo con silencios y dodecaedros.
Ahí es donde hallo esta decadencia embargada
porque el amor no es lo que yo me imaginaba.
El amor no excluye,
se entrega al incendio en sí mismo
y arde.
Dentro del tiempo surco el momento exacto del anonimato
mientras me adolezco en un cuerpo vagabundo.
He pospuesto metas y motivos para encontrarte
y hay catorce partes ocultas de mí;
por decir algo.
Pero estoy aquí,
imaginando un rostro que carece de facción alguna.
Dos mil años, un milenio, un pestañeo.
Todo es nada cuando me encierro en punto fijo.
Todo se reduce al instante anterior que me separa de mí mismo,
que me deja sin género,
allí donde empecé,
allí donde termino cuando bajamos el telón
y sonamos al unísono.
aunque tal vez todo sea una mera fantasía.
Se que esperaba un resultado apoteósico
y que me encuentro con esta extraña tranquilidad
en que estereotipos han sido reducidos a un mero juego de palabras.
Me pregunto por los oponentes y recuerdo que este siempre ha sido el mayor de mis solitarios.
Detrás de mi verdadero hábitat me enciendo y me defiendo de la nada.
Pierdo el tiempo con silencios y dodecaedros.
Ahí es donde hallo esta decadencia embargada
porque el amor no es lo que yo me imaginaba.
El amor no excluye,
se entrega al incendio en sí mismo
y arde.
Dentro del tiempo surco el momento exacto del anonimato
mientras me adolezco en un cuerpo vagabundo.
He pospuesto metas y motivos para encontrarte
y hay catorce partes ocultas de mí;
por decir algo.
Pero estoy aquí,
imaginando un rostro que carece de facción alguna.
Dos mil años, un milenio, un pestañeo.
Todo es nada cuando me encierro en punto fijo.
Todo se reduce al instante anterior que me separa de mí mismo,
que me deja sin género,
allí donde empecé,
allí donde termino cuando bajamos el telón
y sonamos al unísono.
Última edición: