Tamar
Poeta adicto al portal
Ajedrez
Si jugamos ajedrez,
sólo con alfil y reinas.
¿Aceptarías sólo ser
quien voltea mis certezas?
El espejo está de cabeza,
y la consciencia de pie,
si me dices que me quieres,
ya no lo recordaré.
Si me prestas tu bufanda,
se ataran tus espuelas.
Si me escuchas llorando,
es por la sangre que llega,
por tu mano en mis secuelas,
que van volviéndose estrechas.
Si ves que vamos quedando,
en los giros de una luna,
en pecas que disimulan,
las vueltas de los espantos,
es porque el tiempo se cae,
rondando por el asfalto,
mientras que van amarrando
sueños en las dos y cuarto.
Y cuando al fin se detenga,
se volteará mi consciencia,
tu no escucharás mi llanto,
y seremos sólo dos piezas.
Si jugamos ajedrez,
sólo con alfil y reinas.
¿Aceptarías sólo ser
quien voltea mis certezas?
El espejo está de cabeza,
y la consciencia de pie,
si me dices que me quieres,
ya no lo recordaré.
Si me prestas tu bufanda,
se ataran tus espuelas.
Si me escuchas llorando,
es por la sangre que llega,
por tu mano en mis secuelas,
que van volviéndose estrechas.
Si ves que vamos quedando,
en los giros de una luna,
en pecas que disimulan,
las vueltas de los espantos,
es porque el tiempo se cae,
rondando por el asfalto,
mientras que van amarrando
sueños en las dos y cuarto.
Y cuando al fin se detenga,
se volteará mi consciencia,
tu no escucharás mi llanto,
y seremos sólo dos piezas.