Histrión
Poeta recién llegado
Ajedrez
I
Allá lejos, como en una bahía
donde las aguas danzan-, :
dos colores se enfrentan
en una lucha encarnizada
de embestidas crueles
y, cual rocas cortan marea,
las pesadas piezas atraviesan
¡con valentía y fiereza!-,
el hermoso laberinto
de las ideas y la belleza.
Allá lejos, como en una bahía
donde las aguas danzan-, :
dos colores se enfrentan
en una lucha encarnizada
de embestidas crueles
y, cual rocas cortan marea,
las pesadas piezas atraviesan
¡con valentía y fiereza!-,
el hermoso laberinto
de las ideas y la belleza.
El eterno dilema de siempre,
¡las mismas pasiones de ayer!.-
En este universo de ocho por ocho,
me dejo el alma y el espíritu olvidados;
Y es a merced de un un titiritero dormido
como mis cavilaciones se hilvanan presurosas
en este desierto de boj, sheesham, y palo de rosa.
¿Olvidé acaso mencionar,
cuán repleto el tablero está de soldados?
En esta caterva, que yo llamo carnaval-,
desfila una que otra reina...
creyéndose mariposa,
aparentando ser sirena bohemia;
es hermosa, seductora y fatal, todo a la vez.
II
Mi cruel duda tiene respuesta al fin,
¡Ay, este dilema inquietante!-
y aunque muchas dudas tengo,
mi alcance filosófico es tan limitado,
y aparte siempre tan distante...
Mientras escribía estas líneas, descubrí que:
"El porqué este palacio de irugudujava
puede un segundo ser marea apacible,
y al siguiente, galerna española,
laberinto siciliano, o defensa francesa...
es solo una burla de este enigma fatalista"
Después de todo, el campo de batalla,
tan solo es un lienzo, donde el ajedrecista,
cuidadosamente, dibuja su alma.
Y sin embargo,
las mismas sensaciones tengo siempre
cuando un tablero veo:
curiosidad y timidez...
respiración acelerada.
Mala combinación, lo acepto,
pero al respecto,
no puedo hacer nada.-
Me imagino que así se siente el ventrílocuo experto,
Imagínatelo, abriendo un baúl que rechina,-
y al tomar su muñeco dummie... entonces le habla.
Para mí, no hay peor tragicomedia,
que aquella que empieza con: 1. ,
y pone "#" cuando se acorrala al monarca.
Y aunque yo levanto la pieza igual que el ventrílocuo,
en mi caso, bien sé que son las piezas las que hablan.
Aunque todo, en realidad, es tan solo un diálogo sin palabras.
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