Rodrigo del Río
El cazador de sueños.
Aprendí de memoria su nombre,
el lugar en que trabaja;
el sabor del helado que come.
Veo en sus ojos, los días de fiesta
y en su andar pequeñito,
los ratos amargos.
Pero ella no sabe
del caballito de mar escondido
en el acuario del parque,
ni del astronauta celeste
que vuela invisible,
junto a los ojos llenos de luz.
Nunca supo del tigre de bengala
(hecho niño) que la observaba
sentado en la acera.
No. No tiene forma de saberlo,
ni presentirlo.
Ella no era normal;
viajera de las calles
palabra cotidiana.
Y yo, desdibujado y clandestino
su hiperkinético hechicero
y traga vientos
amante de bolsillo.
Rodrigo del Rio