Viví Massares
Poeta recién llegado
Antes del alba tú eres lo que callo,
llama azul de una hoguera de pasiones
que exhalo sin pudor sobre la muerte,
y en ese tibio rito de quimeras
escapa de la tumba de mi cuerpo
en busca del recuerdo de tu voz
para endulzar la piel y redimirla
de tanto invierno preso de las horas.
Aun es noche y tu alma ha sido mía,
y pienso que tal vez, quizá esta noche
mi nombre te dibuje deseos en los labios
y cedas a la urgencia del goce silencioso,
te lleguen mis caricias por tus manos.
Quizá esta misma noche la brisa te recorra
y el sabor de mi boca te sea develado
cuando tu piel se encienda al roce de mi aliento
y me sientas, real, entre tus brazos.
Quizá, quien sabe cuando, un aroma insistente
al filo de la aurora se adueñe de tus ansias
y sea yo, en tus ojos, humedales cautivos
y en tu ser tembloroso pasiones desbocadas.
Después del alba me serás silencio,
pero es noche y aun me pertenece
el sueño en que se ofrenda la ternura.
Mi alma copula, ajena a los instintos,
con un eco lejano de tu risa
y en la inocencia de una fantasía
en que tu aliento roza su delirio,
las simas gemelares de mis pechos
se yerguen sin pudor y dulcemente
mi sensatez entona un mea culpa.
llama azul de una hoguera de pasiones
que exhalo sin pudor sobre la muerte,
y en ese tibio rito de quimeras
escapa de la tumba de mi cuerpo
en busca del recuerdo de tu voz
para endulzar la piel y redimirla
de tanto invierno preso de las horas.
Aun es noche y tu alma ha sido mía,
y pienso que tal vez, quizá esta noche
mi nombre te dibuje deseos en los labios
y cedas a la urgencia del goce silencioso,
te lleguen mis caricias por tus manos.
Quizá esta misma noche la brisa te recorra
y el sabor de mi boca te sea develado
cuando tu piel se encienda al roce de mi aliento
y me sientas, real, entre tus brazos.
Quizá, quien sabe cuando, un aroma insistente
al filo de la aurora se adueñe de tus ansias
y sea yo, en tus ojos, humedales cautivos
y en tu ser tembloroso pasiones desbocadas.
Después del alba me serás silencio,
pero es noche y aun me pertenece
el sueño en que se ofrenda la ternura.
Mi alma copula, ajena a los instintos,
con un eco lejano de tu risa
y en la inocencia de una fantasía
en que tu aliento roza su delirio,
las simas gemelares de mis pechos
se yerguen sin pudor y dulcemente
mi sensatez entona un mea culpa.
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