Sentado al borde de la cama,
pareciere que estuviese a la margen de un abismo,
atrás, extensiones áridas,
estepas de frías sábanas
muestran el paisaje desolador de la ausencia.
Al frente, una pared,
manchada, salpicada de recuerdos,
de todos los anhelos que nunca dejaron de serlo;
y en ella una ventana
que muestra a lo lejos un camino incierto.
El piso, de verdoso brillo
genera miedo al querer pisarlo,
pareciere espejismo
en donde sinuosa la silueta
de aquel que no reconozco
se refleja tenue, casi sin vida.
¡En el pensamiento!,
millares de voces que
en incesantes interrogantes
azotan la existencia preguntando
por qué no liberas tu verbo
para acercarte y hacerte de tu amante.
Así, sentado al borde del abismo
recuerda cada mañana
la mirada desbordante color avellana
y los labios, aquellos de los que deseó apoderarse,
para vivir a cada instante roces inocentes
que más de ser placer incesante
pasaron a convertirse en calvario
para este ser que empieza a vivir
cuando permites a sus ojos divisarte
a sabiendas que este amor que siente
nunca podrá ser y menos consumarse.
Sibelius
Última edición: