Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
En tus manos la ciudad se esconde tímida
cuando me besas bordeando el tiempo inevitable,
el cierzo rompe las palabras ya pronunciadas
por los caminantes de las calles cansadas,
de cada eco nacen una despedida y un silencio
que esperan a que la voz última se consuma,
tus labios llueven versos,
tus huellas escriben huesos
sobre los días que ríen mujeres y hombres,
el río ríe piedras,
las piedras escuchan a los árboles,
los árboles recitan nubes
y tú vuelas sin alas sobre las memorias,
verdaderos pulmones de lo que habla,
de lo que muere viviendo intensamente,
te quiero como a mí mismo
metido dentro de tu tiempo,
bebiendo de la horas de tus ojos
siempre desnudos de gritos,
al borde de un ataque de besos,
ángel de mi sofá amarillo,
poema en la punta de mi lengua,
latido que se ha quedado a vivir conmigo.
cuando me besas bordeando el tiempo inevitable,
el cierzo rompe las palabras ya pronunciadas
por los caminantes de las calles cansadas,
de cada eco nacen una despedida y un silencio
que esperan a que la voz última se consuma,
tus labios llueven versos,
tus huellas escriben huesos
sobre los días que ríen mujeres y hombres,
el río ríe piedras,
las piedras escuchan a los árboles,
los árboles recitan nubes
y tú vuelas sin alas sobre las memorias,
verdaderos pulmones de lo que habla,
de lo que muere viviendo intensamente,
te quiero como a mí mismo
metido dentro de tu tiempo,
bebiendo de la horas de tus ojos
siempre desnudos de gritos,
al borde de un ataque de besos,
ángel de mi sofá amarillo,
poema en la punta de mi lengua,
latido que se ha quedado a vivir conmigo.