Ramon Almonte
Poeta recién llegado
Al caer la tarde
Al llegar el calor de la tarde recordé que te conocía,
nació en mí un oculto deseo de tenerte, creí tenerlo
apagado de momento, y en su callar resurgió en mí
un fuego como algo vivido y nunca dejado al olvido.
Mantuve en mí, quieto lo que me da vida y alegría,
solo lo vivía yo, lo tenía oculto como oculta la noche
una estrella caída, o el murmullo del que habla sin
saber dónde está.
Quise abrir paso a este suspiro que me guardaba
dentro, quise ahogarlo bajo el mar sereno de mi
interna soledad. Tú, nunca te fuiste de mí aunque
tampoco estabas, te miraba lentamente partir, y
tras tus pasos se me iba un pedazo de mi destino.
Paciente y larga es mi espera, se turba de continuo
este sacrificio deseado que me une y me llevo de ti.
Hoy tengo en mis manos tu querer como algo resbaladizo
que se me va de momento y llega a mí como agua que
refresca esta resequedad que me turba.
Una mitad de mi existencia dejó de ser mía, para ser
de ti, más de ti no poseo del todo la mitad que me
pertenece, sé que la tengo pero no la poseo; esto,
desconcierta el abismo inagotable de mi soledad,
porque está en mis manos, pero te me escapa sin
que quieras irte de mí.
He callado por dentro lo vivido en ti, lo he encerrado
en mí sin que el tiempo sepa que te llevo dentro para
que no haya descaste ni vejez que lo cubra por dentro.
Sé, que de ti me he llevado lejos tu amor sin que sepas
lo que de ti poseo. Yo sé que te siento mirar mi yo sin
que te des cuenta que te miro por dentro llevándote en mí.
Un extraño hecho desconocido encendió la llama que no
se extingue en mí, se ha quedado retenido como una edad
pasada pero presente como un sentir que se ve realizado.
Hay tanto en mí de ti, que he dejado de momento de ser yo
para ser del todo de ti sin necesidad de ser yo mismo en mí.
Al llegar el calor de la tarde recordé que te conocía,
nació en mí un oculto deseo de tenerte, creí tenerlo
apagado de momento, y en su callar resurgió en mí
un fuego como algo vivido y nunca dejado al olvido.
Mantuve en mí, quieto lo que me da vida y alegría,
solo lo vivía yo, lo tenía oculto como oculta la noche
una estrella caída, o el murmullo del que habla sin
saber dónde está.
Quise abrir paso a este suspiro que me guardaba
dentro, quise ahogarlo bajo el mar sereno de mi
interna soledad. Tú, nunca te fuiste de mí aunque
tampoco estabas, te miraba lentamente partir, y
tras tus pasos se me iba un pedazo de mi destino.
Paciente y larga es mi espera, se turba de continuo
este sacrificio deseado que me une y me llevo de ti.
Hoy tengo en mis manos tu querer como algo resbaladizo
que se me va de momento y llega a mí como agua que
refresca esta resequedad que me turba.
Una mitad de mi existencia dejó de ser mía, para ser
de ti, más de ti no poseo del todo la mitad que me
pertenece, sé que la tengo pero no la poseo; esto,
desconcierta el abismo inagotable de mi soledad,
porque está en mis manos, pero te me escapa sin
que quieras irte de mí.
He callado por dentro lo vivido en ti, lo he encerrado
en mí sin que el tiempo sepa que te llevo dentro para
que no haya descaste ni vejez que lo cubra por dentro.
Sé, que de ti me he llevado lejos tu amor sin que sepas
lo que de ti poseo. Yo sé que te siento mirar mi yo sin
que te des cuenta que te miro por dentro llevándote en mí.
Un extraño hecho desconocido encendió la llama que no
se extingue en mí, se ha quedado retenido como una edad
pasada pero presente como un sentir que se ve realizado.
Hay tanto en mí de ti, que he dejado de momento de ser yo
para ser del todo de ti sin necesidad de ser yo mismo en mí.