Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
Oh silencio que camina,
compañero invisible de los pasos,
tú que abres en la senda un umbral secreto
donde el ruido se apaga
y el alma, por fin, se oye a sí misma.
En tu reino leve se disuelve el mundo,
su murmullo se rinde, se evapora,
y queda tan solo el eco tibio
de pensamientos que despiertan
y afinan su propia melodía.
Cada paso es un susurro revelado,
un espejo que retorna la esencia,
un roce de tiempos antiguos
que se enlazan con los presentes
en la eterna danza del existir.
La mente, río de aguas claras,
fluye serena bajo tu amparo,
y allí, donde la quietud florece,
brotan respuestas como luz temprana,
como oasis que surgen
en medio del desierto urgente del mundo.
Oh silencio, centro secreto del ser,
tu calma nos abre, nos reordena,
y en tu hondura aprendemos
que cada latido es un universo,
y cada paso,
una revelación sagrada.
compañero invisible de los pasos,
tú que abres en la senda un umbral secreto
donde el ruido se apaga
y el alma, por fin, se oye a sí misma.
En tu reino leve se disuelve el mundo,
su murmullo se rinde, se evapora,
y queda tan solo el eco tibio
de pensamientos que despiertan
y afinan su propia melodía.
Cada paso es un susurro revelado,
un espejo que retorna la esencia,
un roce de tiempos antiguos
que se enlazan con los presentes
en la eterna danza del existir.
La mente, río de aguas claras,
fluye serena bajo tu amparo,
y allí, donde la quietud florece,
brotan respuestas como luz temprana,
como oasis que surgen
en medio del desierto urgente del mundo.
Oh silencio, centro secreto del ser,
tu calma nos abre, nos reordena,
y en tu hondura aprendemos
que cada latido es un universo,
y cada paso,
una revelación sagrada.