RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
AL CANTÓN URCUQUÍ
En sus fiestas
En sus fiesta de cantonización
Tierra donde sol primero alumbra,
San Blas, Pablo Arenas, las parcelas,
y cuando este se va, en la penumbra,
se ve una sombra vagando en sus laderas.
Último hijo de don taita Imbabura,
fuiste el primer refugio de los Angos
la historia te marcó por tu bravura,
pueblo altivo de mártires y santos.
Cantón noble, a las faldas de Ande
te recuestas amable, generoso,
lindo clima; y ostentas orgulloso;
ser cuna del patriota Antonio Ante.
Urcuquí, si con sudor tus hijos
van forjando anhelantes tu grandeza.
¿Dónde están esos críos postizos
que lucharon por ti con entereza?
¿A donde fueron los bravos de antaño
de noble corazón y alma guerrera?
¿En donde están los genios que entregaron
su amor por ti, arriesgando su carrera?
¿Dime si te olvidaste de Esquetini,
médico del pueblo, pero no del montón;
el que se entregó entero por tu cantonización?
El mismo que gustoso adoptó el nombre
que la gente le puso: como el doctor Cantón.
Un día volverán tus campos viejos,
a sonreír con solo su presencia,
si en ti dejaron viniendo de muy lejos,
gran parte de su vida y su existencia.
¡Salud! Brindo por ti mi vieja Estancia
Brindo por ti, ¡que subas mil peldaños!
Dios te bendiga durante diez mil años
Es deseo de un hijo a la distancia.
Ramiro Ponce P.
En sus fiestas
En sus fiesta de cantonización
Tierra donde sol primero alumbra,
San Blas, Pablo Arenas, las parcelas,
y cuando este se va, en la penumbra,
se ve una sombra vagando en sus laderas.
Último hijo de don taita Imbabura,
fuiste el primer refugio de los Angos
la historia te marcó por tu bravura,
pueblo altivo de mártires y santos.
Cantón noble, a las faldas de Ande
te recuestas amable, generoso,
lindo clima; y ostentas orgulloso;
ser cuna del patriota Antonio Ante.
Urcuquí, si con sudor tus hijos
van forjando anhelantes tu grandeza.
¿Dónde están esos críos postizos
que lucharon por ti con entereza?
¿A donde fueron los bravos de antaño
de noble corazón y alma guerrera?
¿En donde están los genios que entregaron
su amor por ti, arriesgando su carrera?
¿Dime si te olvidaste de Esquetini,
médico del pueblo, pero no del montón;
el que se entregó entero por tu cantonización?
El mismo que gustoso adoptó el nombre
que la gente le puso: como el doctor Cantón.
Un día volverán tus campos viejos,
a sonreír con solo su presencia,
si en ti dejaron viniendo de muy lejos,
gran parte de su vida y su existencia.
¡Salud! Brindo por ti mi vieja Estancia
Brindo por ti, ¡que subas mil peldaños!
Dios te bendiga durante diez mil años
Es deseo de un hijo a la distancia.
Ramiro Ponce P.