Rosario de Cuenca Esteban
Verso Suelto
Le daba rabia pero era una raba desprovista de contundencia, era sorda, delictiva, emparejada con la pena y el sentirse solo. Era la rabia del impotente.
No daba crédito a la insolencia que para él era, el que no estuviera pendiente de él y al mismo tiempo entendía que era lo normal pero cuanto más lo asimilaba, más rabia sentía reptando la soledad por su espalda.
Pensó en mil maneras de llamar la atención pero todas ellas, le daban resquemores, vergüenza rabia
No tenía más remedio que aguantarse y se sentía ridículo ante sus propios pensamientos que hasta se burlaban de su poca capacidad de maniobra.
Finalmente decidió hacer unos espejos mentales y dirigir su rabia a través de ellos para maltratar al que le ignoraba. Tardó varias horas en quedar satisfecho de su fechoría y quedó exhausto, rendido por un perturbador sueño donde se veía asesinando a la indómita rabia que se debatía con grandes dosis de fuerza pero que al final, agonizó en sus brazos diciendo: al fin, me deshago de ti
Rosario de Cuenca Esteban
No daba crédito a la insolencia que para él era, el que no estuviera pendiente de él y al mismo tiempo entendía que era lo normal pero cuanto más lo asimilaba, más rabia sentía reptando la soledad por su espalda.
Pensó en mil maneras de llamar la atención pero todas ellas, le daban resquemores, vergüenza rabia
No tenía más remedio que aguantarse y se sentía ridículo ante sus propios pensamientos que hasta se burlaban de su poca capacidad de maniobra.
Finalmente decidió hacer unos espejos mentales y dirigir su rabia a través de ellos para maltratar al que le ignoraba. Tardó varias horas en quedar satisfecho de su fechoría y quedó exhausto, rendido por un perturbador sueño donde se veía asesinando a la indómita rabia que se debatía con grandes dosis de fuerza pero que al final, agonizó en sus brazos diciendo: al fin, me deshago de ti
Rosario de Cuenca Esteban