F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Al final de las horas... existe todo un mundo
Dos son las fuentes de vida
que nutren mi entendimiento
suministrando energía
a mi carne y mi cerebro:
la Salud, es una de ellas,
la Imaginación, su fuego.
Mi mente, que me hace joven
contemplando lo que es bello,
no tiene en cuenta los años
cuando se embriaga de sueños
y se olvida de las horas
que van sumando los huesos.
Mi Salud, caudal de vida,
que está presente en mi cuerpo,
ve cómo mi juventud
cede cuando sopla el viento...
¡y el viento sopla implacable
hora a hora, verso a verso...!
Hoy sé que aún puedo imponer
mi voluntad y deseos,
mañana será... otra cosa
si no me obedece el cuerpo.
Y me estremece pensar
que habré de estar dependiendo,
en un futuro impreciso,
de los demás, sin remedio,
porque como es bien sabido,
el simple curso del tiempo…
las piernas, se hacen rebeldes,
más endebles nuestros huesos,
las manos tendrán temblores,
la vista pondrá sus velos,
e irá perdiendo el oído
muchísimos decibelios...
Amigos: sin los sentidos
¿quién puede vivir contento?
¡De igual forma nadie vive
si del amor carecemos!
Porque al llegar ese instante
¡maldito instante postrero!
el carácter se nos agria
al sentirnos indefensos
por no poder realizar
lo que siempre se haya hecho.
Aunque, sin duda, depende
de cómo se llega a viejo.
Mas como, al fin, todo llega
(¡inapelable momento!)
algunos verán un “bulto”,
de hombre o mujer, sin remedio,
al que se ha de alimentar,
y hasta llevarlos en peso
(si no han previsto artilugios
que les evite el esfuerzo)
para hacer necesidades...
y han de asearles el cuerpo,
y vestirlos y peinarlos...
con cariño y con respeto.
Y aunque pueden ser los hijos,
los que les cubran de afectos
cuidándolos día y noche,
es digno reconocerlo,
la carga que ello supone
es de un magnífico esfuerzo.
Y si por casualidad,
o por designio del cielo,
en alguna residencia
aterrizan nuestros huesos,
los cuidados de otras manos…
puede que nos den recelos
si es que el alzhéimer nos roba
nuestro almacén de recuerdos
Y puede que hasta nos miren
quizá como trastos viejos...
aguardando a que se acaben
dolores y sufrimientos,
sin pensar que en nuestras mentes...
existe un mundo... ¡¡soberbio!!
lleno de ilusión, de luchas,
de imágenes y de sueños
entre un millón de caricias
(de tantos buenos momentos)
de alegrías y emociones,
y mil rostros en el tiempo
que pasan por nuestras mentes
a velocidad de vértigo,
unas veces siendo un niño
jugando con compañeros,
en otras siendo un muchacho
presumiendo ante el espejo,
en otras, muy responsable,
en nuestro primer empleo,
y las frases y las risas
que acabaron en un beso;
en otras, el primer hijo
que lo llevaba al colegio,
y aquellos felices días
que lloramos tan contentos
por la venida a este mundo
de nuestros primeros nietos...
y cuando se fueron todos
y todo… quedó… en silencio:
el dormitorio..., la casa...,
nuestra ciudad... los recuerdos...
- - - - - - -o0o- - - - - - -
Amigo, no te equivoques;
si ves por la calle un viejo
y lo ves andar despacio:
piensa que, lo que estás viendo,
al principio fue un bebé,
después de niño, un mozuelo,
luego un hombre, todo un padre,
un esposo, un abuelo...
no es un montón de carne
ni es un montón de huesos:
¡¡es una vida que sueña
repleta de sentimientos
y mantiene siempre vivo
todo... su mundo por dentro!!
Dos son las fuentes de vida
que nutren mi entendimiento
suministrando energía
a mi carne y mi cerebro:
la Salud, es una de ellas,
la Imaginación, su fuego.
Mi mente, que me hace joven
contemplando lo que es bello,
no tiene en cuenta los años
cuando se embriaga de sueños
y se olvida de las horas
que van sumando los huesos.
Mi Salud, caudal de vida,
que está presente en mi cuerpo,
ve cómo mi juventud
cede cuando sopla el viento...
¡y el viento sopla implacable
hora a hora, verso a verso...!
Hoy sé que aún puedo imponer
mi voluntad y deseos,
mañana será... otra cosa
si no me obedece el cuerpo.
Y me estremece pensar
que habré de estar dependiendo,
en un futuro impreciso,
de los demás, sin remedio,
porque como es bien sabido,
el simple curso del tiempo…
las piernas, se hacen rebeldes,
más endebles nuestros huesos,
las manos tendrán temblores,
la vista pondrá sus velos,
e irá perdiendo el oído
muchísimos decibelios...
Amigos: sin los sentidos
¿quién puede vivir contento?
¡De igual forma nadie vive
si del amor carecemos!
Porque al llegar ese instante
¡maldito instante postrero!
el carácter se nos agria
al sentirnos indefensos
por no poder realizar
lo que siempre se haya hecho.
Aunque, sin duda, depende
de cómo se llega a viejo.
Mas como, al fin, todo llega
(¡inapelable momento!)
algunos verán un “bulto”,
de hombre o mujer, sin remedio,
al que se ha de alimentar,
y hasta llevarlos en peso
(si no han previsto artilugios
que les evite el esfuerzo)
para hacer necesidades...
y han de asearles el cuerpo,
y vestirlos y peinarlos...
con cariño y con respeto.
Y aunque pueden ser los hijos,
los que les cubran de afectos
cuidándolos día y noche,
es digno reconocerlo,
la carga que ello supone
es de un magnífico esfuerzo.
Y si por casualidad,
o por designio del cielo,
en alguna residencia
aterrizan nuestros huesos,
los cuidados de otras manos…
puede que nos den recelos
si es que el alzhéimer nos roba
nuestro almacén de recuerdos
Y puede que hasta nos miren
quizá como trastos viejos...
aguardando a que se acaben
dolores y sufrimientos,
sin pensar que en nuestras mentes...
existe un mundo... ¡¡soberbio!!
lleno de ilusión, de luchas,
de imágenes y de sueños
entre un millón de caricias
(de tantos buenos momentos)
de alegrías y emociones,
y mil rostros en el tiempo
que pasan por nuestras mentes
a velocidad de vértigo,
unas veces siendo un niño
jugando con compañeros,
en otras siendo un muchacho
presumiendo ante el espejo,
en otras, muy responsable,
en nuestro primer empleo,
y las frases y las risas
que acabaron en un beso;
en otras, el primer hijo
que lo llevaba al colegio,
y aquellos felices días
que lloramos tan contentos
por la venida a este mundo
de nuestros primeros nietos...
y cuando se fueron todos
y todo… quedó… en silencio:
el dormitorio..., la casa...,
nuestra ciudad... los recuerdos...
- - - - - - -o0o- - - - - - -
Amigo, no te equivoques;
si ves por la calle un viejo
y lo ves andar despacio:
piensa que, lo que estás viendo,
al principio fue un bebé,
después de niño, un mozuelo,
luego un hombre, todo un padre,
un esposo, un abuelo...
no es un montón de carne
ni es un montón de huesos:
¡¡es una vida que sueña
repleta de sentimientos
y mantiene siempre vivo
todo... su mundo por dentro!!
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