Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Al final del mundo, quedaremos tú y yo,
desnudos de tiempo, sin más compañía,
seremos dos sombras que el viento arrastró,
dos almas perdidas en la lejanía.
El horizonte será un susurro, un eco,
de promesas rotas y sueños marchitos,
seremos testigos del último estruendo,
de estrellas que mueren, de cielos benditos.
Y en la vastedad de un silencio absoluto,
nuestros ojos se hallarán en la penumbra,
será tu mirada mi único refugio,
tu aliento la brisa que mi piel deslumbra.
Nos rodeará el polvo de lo que fue vida,
la tierra reseca, los mares sin agua,
seremos la chispa que aún se aviva,
en un mundo cansado, de esperanza magra.
No habrá más palabras, ni llanto, ni risa,
sólo el latido eterno de dos corazones,
seremos la esencia que el cosmos precisa,
para renacer entre las constelaciones.
Al final del mundo, tú y yo seremos,
la historia jamás contada en susurros,
el amor que desafió lo eterno,
dos seres fundidos en los mismos muros.
desnudos de tiempo, sin más compañía,
seremos dos sombras que el viento arrastró,
dos almas perdidas en la lejanía.
El horizonte será un susurro, un eco,
de promesas rotas y sueños marchitos,
seremos testigos del último estruendo,
de estrellas que mueren, de cielos benditos.
Y en la vastedad de un silencio absoluto,
nuestros ojos se hallarán en la penumbra,
será tu mirada mi único refugio,
tu aliento la brisa que mi piel deslumbra.
Nos rodeará el polvo de lo que fue vida,
la tierra reseca, los mares sin agua,
seremos la chispa que aún se aviva,
en un mundo cansado, de esperanza magra.
No habrá más palabras, ni llanto, ni risa,
sólo el latido eterno de dos corazones,
seremos la esencia que el cosmos precisa,
para renacer entre las constelaciones.
Al final del mundo, tú y yo seremos,
la historia jamás contada en susurros,
el amor que desafió lo eterno,
dos seres fundidos en los mismos muros.