musador
esperando...
Si van a dar en la mar
nuestras vidas que son ríos,
¿qué será tu vida, Betis,
que arando trazas caminos?
De cabra son los arroyos
que por tu senda de niño
despeñas de nieve y lluvia
desde nubes de vestigios.
Tantas albercas y acequias
alimentas como amigo
que el hombre quiso loarte
cantándote como mito.
Arterias de Andalucía
llevando el agua al olivo:
es para la tierra el agua
como el aire para el mirlo.
Son las sierras corazones
que desde sus picos níveos
se derraman en tu lecho
para llegar al cultivo.
De peñas en la garganta
se hace tu cauce de limo
cuando llegas a la vega
amansando remolinos.
De gorjear entre piedras
con tus borboteantes trinos
se hizo tu canto rumor
y a la ola diste sitio.
Temblando en la madrugada
eres cuna de espejismos,
ya dócil al remo lento
que acompasa tu sigilo.
Las ondinas te acompañan
desde ese momento místico
en que el sabor de la sal
te recuerda tu destino.
Y vas dejando en marismas
polvaredas que has traído
desde olivares sedientos
a sus ensueños marítimos.
Camino harás en la mar
con la muerte como filo
de tu máscara en la proa
de majestuoso navío.
El Guadalquivir a su paso por Sevilla. Al fondo, señalada por el perfil de la muralla, la Torre de Oro.
nuestras vidas que son ríos,
¿qué será tu vida, Betis,
que arando trazas caminos?
De cabra son los arroyos
que por tu senda de niño
despeñas de nieve y lluvia
desde nubes de vestigios.
Tantas albercas y acequias
alimentas como amigo
que el hombre quiso loarte
cantándote como mito.
Arterias de Andalucía
llevando el agua al olivo:
es para la tierra el agua
como el aire para el mirlo.
Son las sierras corazones
que desde sus picos níveos
se derraman en tu lecho
para llegar al cultivo.
De peñas en la garganta
se hace tu cauce de limo
cuando llegas a la vega
amansando remolinos.
De gorjear entre piedras
con tus borboteantes trinos
se hizo tu canto rumor
y a la ola diste sitio.
Temblando en la madrugada
eres cuna de espejismos,
ya dócil al remo lento
que acompasa tu sigilo.
Las ondinas te acompañan
desde ese momento místico
en que el sabor de la sal
te recuerda tu destino.
Y vas dejando en marismas
polvaredas que has traído
desde olivares sedientos
a sus ensueños marítimos.
Camino harás en la mar
con la muerte como filo
de tu máscara en la proa
de majestuoso navío.
El Guadalquivir a su paso por Sevilla. Al fondo, señalada por el perfil de la muralla, la Torre de Oro.
Archivos adjuntos
Última edición: