Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
¡Al ladrón.. al ladrón!...
La cofradía de los cuellos blancos busca entre las masas al indigente que huye con un pan
¡Al ladrón, al ladrón!
Los políticos encienden sus discursos con los "cómo reducir la criminalidad"
inaugurando modernos sistemas carcelarios.
¡Al ladrón... al ladrón!
Los pies que corren se pierden en las callejuelas olvidadas
lejos de las mansiones erigidas con los recursos ajenos
Al ladrón gritan y la gente vuelve sus ojos hacia los desarrapados:
el prototipo de ladrón
Los techos se caen a pedazos en todo el orbe
las reivindicaciones sociales afectan los mercados
grandes fortunas se extraen entre la total miseria
Magos capaces de sacar sangre a las piedras son intocables para las supremas cortes del mundo
¡Al ladrón, al ladrón!... se grita por las calles
el estereotipo se identifica al grito y corre despavorido
Los señores del dinero
los de los grandes fraudes
los que protegen con marines sus saqueos
degustan sus manjares
mientras los gritos de las multitudes enmudecen
tras el muro de la condescendencia acostumbrada.
La cofradía de los cuellos blancos busca entre las masas al indigente que huye con un pan
¡Al ladrón, al ladrón!
Los políticos encienden sus discursos con los "cómo reducir la criminalidad"
inaugurando modernos sistemas carcelarios.
¡Al ladrón... al ladrón!
Los pies que corren se pierden en las callejuelas olvidadas
lejos de las mansiones erigidas con los recursos ajenos
Al ladrón gritan y la gente vuelve sus ojos hacia los desarrapados:
el prototipo de ladrón
Los techos se caen a pedazos en todo el orbe
las reivindicaciones sociales afectan los mercados
grandes fortunas se extraen entre la total miseria
Magos capaces de sacar sangre a las piedras son intocables para las supremas cortes del mundo
¡Al ladrón, al ladrón!... se grita por las calles
el estereotipo se identifica al grito y corre despavorido
Los señores del dinero
los de los grandes fraudes
los que protegen con marines sus saqueos
degustan sus manjares
mientras los gritos de las multitudes enmudecen
tras el muro de la condescendencia acostumbrada.
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