Alicia La Maya
Poeta fiel al portal
Recuerdo que hubo así,
como una historia trunca,
indefinida.
De agotadas esperas,
con árboles añosos
deteniendo el tiempo
en el paisaje,
con aves que surcaban el cielo
sin descanso,
sedientas de aire fresco.
Y las mareas altas,
siempre altas,
que embriagaban de olas a los barcos.
Al límite.
Y sin finales.Tu y yo.
En el milímitro mas profundo y seco
de la cueva en el centro de la tierra.
O como el cenote,
huyendo de su propio vacío.
Con todos los colores velados del planeta,
y las voces que aullan, sordas de escucha.
¡Amargo el dolor cuando los niños muertos!
Demoledor tic-tac de los relojes.
Y ese absurdo sentido, que le dan a los besos...
Más el despreciable verbo amar,
que por solícito e incongruente, supura
hiel y olor a eternidad.
Así tu y yo
en la encumbrada mentira
de tu vida y la mía
que en el desaliento diario
no se muere jamás.
Al límite,
huérfanos de comienzo
somos un eterno sobrevivir.
como una historia trunca,
indefinida.
De agotadas esperas,
con árboles añosos
deteniendo el tiempo
en el paisaje,
con aves que surcaban el cielo
sin descanso,
sedientas de aire fresco.
Y las mareas altas,
siempre altas,
que embriagaban de olas a los barcos.
Al límite.
Y sin finales.Tu y yo.
En el milímitro mas profundo y seco
de la cueva en el centro de la tierra.
O como el cenote,
huyendo de su propio vacío.
Con todos los colores velados del planeta,
y las voces que aullan, sordas de escucha.
¡Amargo el dolor cuando los niños muertos!
Demoledor tic-tac de los relojes.
Y ese absurdo sentido, que le dan a los besos...
Más el despreciable verbo amar,
que por solícito e incongruente, supura
hiel y olor a eternidad.
Así tu y yo
en la encumbrada mentira
de tu vida y la mía
que en el desaliento diario
no se muere jamás.
Al límite,
huérfanos de comienzo
somos un eterno sobrevivir.
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