Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
AL MIRAR EL OCASO
Mis lágrimas en sangre se tornaron.
El suelo se tiñó color rubí.
Las nieves del invierno se asombraron:
¡Mis penas eran rojo carmesí!
Caníbal era el sol que devoró
las llamas de mi espíritu encarnado.
Mi boca, de tristeza agonizó,
y a falta de tus besos se ha sellado
callando su latir por quien amó
a vistas que florece en otro prado.
La tarde me hizo sombra y epitafio,
y ardiente, insonrojada e inmutable,
se vino develando el cenotafio
de mi alma necia, absurda, inconsolable.
Un cuervo no ha cegado mis despojos,
ha sido el mismo afán de conquistar
el reino de tu amor y tus antojos
cimbrando mi destino ante tu altar.
Por eso se encascadan mis dos ojos,
al ver que has puesto santo en mi lugar.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
PIURA-PERÚ
6 de mayo del 2008
Derechos Reservados.
Mis lágrimas en sangre se tornaron.
El suelo se tiñó color rubí.
Las nieves del invierno se asombraron:
¡Mis penas eran rojo carmesí!
Caníbal era el sol que devoró
las llamas de mi espíritu encarnado.
Mi boca, de tristeza agonizó,
y a falta de tus besos se ha sellado
callando su latir por quien amó
a vistas que florece en otro prado.
La tarde me hizo sombra y epitafio,
y ardiente, insonrojada e inmutable,
se vino develando el cenotafio
de mi alma necia, absurda, inconsolable.
Un cuervo no ha cegado mis despojos,
ha sido el mismo afán de conquistar
el reino de tu amor y tus antojos
cimbrando mi destino ante tu altar.
Por eso se encascadan mis dos ojos,
al ver que has puesto santo en mi lugar.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
PIURA-PERÚ
6 de mayo del 2008
Derechos Reservados.
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