Al pasar la exacta sombra
quede el frescor a su orilla,
su desaire y su presteza,
el eco melancólico que te llena
y luego te deja.
Lo demás: su costumbre,
la palidez que antece a su paso,
su frialdad, su rocío,
el vértigo de su roce;
solo son vacíos de la mente,
resquicios del pensar
al caminar despacio.
quede el frescor a su orilla,
su desaire y su presteza,
el eco melancólico que te llena
y luego te deja.
Lo demás: su costumbre,
la palidez que antece a su paso,
su frialdad, su rocío,
el vértigo de su roce;
solo son vacíos de la mente,
resquicios del pensar
al caminar despacio.