Maria Teresa Fuenmayor T.
Poeta recién llegado

Sentada al piano, de sus dedos brotaban ágiles, dulces, embriagadoras, las notas de un Nocturno de Chopin. Se detuvo de pronto, un suspiro largo y profundo salió de su pecho. Miró al frente, hacia los altos ventanales y más allá, como si quisiera captar la noche con una mirada. Se encaminó al jardín con su característica y gracil forma de andar. Siguió el camino que la conduciría hasta la puerta principal, pero se detuvo antes de llegar a ella y quedose allí, quieta, dejando que la brisa -que no sentía- formara ondas en el niveo ropaje de tenue muselina.Otro suspiro y una mirada al cielo...se devolvió antes de llegar a la puerta, consciente que no podía traspasarla aunque quisiera...¡Lo había intentado tantas veces! En lugar de ello, dirigió sus pasos ahora tras la vieja casona, allí, junto a un montículo había una lápida. Frescas azucenas la cubrían casi por completo...apenas se podía distinguir entre los pétalos, grabado en la piedra ...su nombre.