Évano
Libre, sin dioses.
Abierto el Mar Rojo se retiraron las sangres
y entre ellas cruzaron los diablos
en su marcha para refundar otro infierno.
Llevaban con ellos sus almas de jeremías,
lamentaciones eternas al dios del castigo.
Y mientras tanto los ángeles eran granos de arena,
soles y noches y silencio.
Aún así, impenetrable la conciencia,
la sabiduría de contemplar misericordias.
Muros en las mentes devolviendo el eco de sí mismos,
multiplicación del ego y negación de lo Otro.
Y aferrados a las historias ficticias, el mundo,
el resto que miraba las llamas de un fuego de cavernas
dentro de una cueva de ignorante avaricia.
Cuéntame un cuento de trenzas mientras
machacas y rompes y partes y matas
todo lo que cruza tu camino imparable
hacia la meta del indudable Apocalipsis
de vosotros y los avernos creados
a lo largo de los tiempos de lo oscuro.
Interminable el paso entre las aguas sangrientas.
Infinita la orilla tras los párpados ciegos.
Inalcanzable la paz si se niega
que esta es el arma del Dios verdadero.
Imposible talar tanto cuerpo que brota
de los miembros de inocentes descuartizados por Satán.
Dios no se cansa de mostrar el sendero
donde la luz pasea lógica y clara,
tranquila y en paz y en sosiego.
Pero negáis sentar a vuestra mesa al inocente,
al pobre analfabeto que se ha de enseñar
y repartir con él una tierra que no es de nadie más
que de toda la Humanidad.
Cortaros las manos de oro
y de ellas emanarán dedos y carnes y huesos.
Luego Dad y cruzaréis de una vez
el Mar que separa los reinos del bien y el mal.
y entre ellas cruzaron los diablos
en su marcha para refundar otro infierno.
Llevaban con ellos sus almas de jeremías,
lamentaciones eternas al dios del castigo.
Y mientras tanto los ángeles eran granos de arena,
soles y noches y silencio.
Aún así, impenetrable la conciencia,
la sabiduría de contemplar misericordias.
Muros en las mentes devolviendo el eco de sí mismos,
multiplicación del ego y negación de lo Otro.
Y aferrados a las historias ficticias, el mundo,
el resto que miraba las llamas de un fuego de cavernas
dentro de una cueva de ignorante avaricia.
Cuéntame un cuento de trenzas mientras
machacas y rompes y partes y matas
todo lo que cruza tu camino imparable
hacia la meta del indudable Apocalipsis
de vosotros y los avernos creados
a lo largo de los tiempos de lo oscuro.
Interminable el paso entre las aguas sangrientas.
Infinita la orilla tras los párpados ciegos.
Inalcanzable la paz si se niega
que esta es el arma del Dios verdadero.
Imposible talar tanto cuerpo que brota
de los miembros de inocentes descuartizados por Satán.
Dios no se cansa de mostrar el sendero
donde la luz pasea lógica y clara,
tranquila y en paz y en sosiego.
Pero negáis sentar a vuestra mesa al inocente,
al pobre analfabeto que se ha de enseñar
y repartir con él una tierra que no es de nadie más
que de toda la Humanidad.
Cortaros las manos de oro
y de ellas emanarán dedos y carnes y huesos.
Luego Dad y cruzaréis de una vez
el Mar que separa los reinos del bien y el mal.