dark-maiden
Poeta fiel al portal
Silencio embriagado de noches.
Silencio que grita ante el resplandor de las velas.
Silencio obsesionado con el tuyo.
Silencio que ata las pasiones a una sola.
En la esencia tu presencia es donde suelo pasear.
Arrastro mis miedos por los matorrales, por si
desde ahí pudiera verte pasar.
Las horas de hielo me están consumiendo,
ante nuestras miradas de fuego.
Por compartir un instante contigo,
soy capaz de convertirme en manantial,
de hacer un juramento ante las especies vegetales,
y decirle a las piedras que deseo contener tu energía
dentro de un jaspe rojo.
Estoy amando la incertidumbre,
porque la locura de nuestros encuentros
hacen iluminar el pasaje de los féretros.
Tan sólo debes mirarme para sentirme plena,
porque tu ausencia está tiñiendo mi cara de un
color púrpura, como si del rostro de una emperatriz
bizantina se tratara, al igual que mis labios se convierten
en escarcha como si yo fuera una perla nevada.
Soy la esclava de tu mirada, y tú el rey de mis dolores.
He maldecido tu existencia, porque me impide correr
hacia los brazos del óbito cuando es tu respiración
lo que oigo.
Escúchame mientras te digo con los ojos:
no hay tierra que pueda pisar, sin recordar
la huella que dejas.
No puedo salir de noche, porque la luna me susurra:
¿Por qué no huyes donde con sus labios te recorre?
No puedo salir de día, porque el sol me grita:
¿Por qué no huyes donde con sus ojos te ciega?
Silencio que grita ante el resplandor de las velas.
Silencio obsesionado con el tuyo.
Silencio que ata las pasiones a una sola.
En la esencia tu presencia es donde suelo pasear.
Arrastro mis miedos por los matorrales, por si
desde ahí pudiera verte pasar.
Las horas de hielo me están consumiendo,
ante nuestras miradas de fuego.
Por compartir un instante contigo,
soy capaz de convertirme en manantial,
de hacer un juramento ante las especies vegetales,
y decirle a las piedras que deseo contener tu energía
dentro de un jaspe rojo.
Estoy amando la incertidumbre,
porque la locura de nuestros encuentros
hacen iluminar el pasaje de los féretros.
Tan sólo debes mirarme para sentirme plena,
porque tu ausencia está tiñiendo mi cara de un
color púrpura, como si del rostro de una emperatriz
bizantina se tratara, al igual que mis labios se convierten
en escarcha como si yo fuera una perla nevada.
Soy la esclava de tu mirada, y tú el rey de mis dolores.
He maldecido tu existencia, porque me impide correr
hacia los brazos del óbito cuando es tu respiración
lo que oigo.
Escúchame mientras te digo con los ojos:
no hay tierra que pueda pisar, sin recordar
la huella que dejas.
No puedo salir de noche, porque la luna me susurra:
¿Por qué no huyes donde con sus labios te recorre?
No puedo salir de día, porque el sol me grita:
¿Por qué no huyes donde con sus ojos te ciega?