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Al "Roget", que mataron esta noche.

Triste historia poeta convertida en belleza con tus palabras, asi hay muchas historias no solo de gatos a veces de otros muchos
animalitos, déjame decirte que el hombre es el peor de los animales el único animal que mata por cualquier sentimiento negativo
no por saciar el hambre literalmente hablando...a eso se le llama "crueldad impía"
hermoso poema Vicent. Felicidades.
Dios te bendiga
 
Estoy harto de ver a estos pequeños energúmenos que salen de fiesta con sus ciclomotores y cuando vuelven vacían sus mochilas de bebidas y su mente de frustraciones arremetiendo contra todo lo que pillan en su camino: sean espejos retrovisores de coches aparcados, sean farolas o un viejo gato sumiso tierno y confiado que se cruza en su camino. Esto es una pedanía con una calle y una plaza, y para evitar los controles de la policía en la rotonda de arriba cruzan el pueblo en dirección prohibida... y mejor que no paren, porque si lo hacen aún es peor... como esta noche pasada.
Yo sí que les deseo el mal; y es que se encuentren un día con alguien que les haga probar su propia medicina... como bien dices.
Muchas gracias, Luis, y ya vendrán días mejores.

Ya les llegará ya como llegará el día en que continues con este escrito diciendo lo que les pasó.
Fuerte abrazo desde Madrid Alonso.
 
Hoy me sacaste el odio, compañero,
esa arma letal que me asesina,
viniste a mi aldea por la noche
ebrio de juventud tan mal nacida
que hiciste pagar tus desvaríos,
tu exceso de alcohol y tu porfía
al más noble de los gatos callejeros,
felino contiguo al alma mía.

Llevabas compañía, no lo dudo,
te erigiste en rey de los miserables;
alguien habrá reído tus (des)gracias,
otro habrá dicho “deja al gato, no lo mates”.
Pero tú, por encima de todos y de todo,
obraste.

Lo habrás llamado,
él siempre acudía:
rubio, cojo,
con una oreja partida
y un corazón gigante.
Te pidió comida, caricias…
¿Qué le diste?

Lo tuviste en tus manos asesinas…
¡Qué poco somos en manos de un cobarde!
La plaza, la fuente, la noche
fueron testigos
junto a otros cobardes.

Esta mañana me levanté y vi
el frontal de la fuente lleno de sangre,
cuatro botellas esparcidas por el suelo
y al “Roget” delante;
muerto, encima de la última piedra
a la que pude llorarle.

Qué existencia tan mísera debe tener aquel que sólo disfruta
con la barbarie, qué valentía,puede sentirse orgulloso el muy cabrón
se ha ganado con creces el título de escoria.Mejor no sigo...
una pierde la compostura con estas atrocidades.
Yo tuve una perra que cortaba el viento con sus andares
y alguien un día la mató ¿el motivo?sólo el que puso la soga en su cuello lo sabe.
Un abrazo, mi amigo entero,uno grande...
 
Alonso, no voy a comentar tu dolorido poema porque solo me sale mandarte un abrazo enorme y decirte que lo siento muchísimo. No me extraña que estés sufriendo por ese animalito que no hacía daño a nadie, en todo caso seguro que os alegraba a los que lo queríais. Me parecen lo peor esos salvajes sin escrúpulos y sin corazón que han hecho esa barbaridad, qué placer les produjo hacer algo así? No entiendo que alguien se pueda divertir así, que mala gente. Espero que te recuperes pronto de ese dolor y que algún día puedas recordarlo como era él y no como lo encontraste esa noche terrible. Yo tuve hasta hace un año que murió, un conejito como mascota que se llamaba como tu pobre gato, lo sigo echando mucho de menos. Un beso y ánimo Alonso
Hola Esther... Me alegro de verte aunque sea muy triste este poema. Le cogemos mucho cariño a nuestros queridos animales... y aunque no sean nuestros siempre creamos unos lazos tan fuertes como el mejor acero; y hallamos una reciprocidad difícil de encontrar entre los humanos.
Criminales fueron los que vinieron esa noche y, aunque no quiero saber sus nombre, espero que lo paguen en su mísera vida.
Besos de fin de semana, Esther, y a seguir disfrutando de todo lo bueno que aun nos rodea.
 
Triste historia poeta convertida en belleza con tus palabras, asi hay muchas historias no solo de gatos a veces de otros muchos
animalitos, déjame decirte que el hombre es el peor de los animales el único animal que mata por cualquier sentimiento negativo
no por saciar el hambre literalmente hablando...a eso se le llama "crueldad impía"
hermoso poema Vicent. Felicidades.
Dios te bendiga
Sí que es el peor de los animales el hombre. Se le dio la facultad del raciocinio y lo utiliza bien, mal y, sobre todo, de la peor de las maneras. Los animales funcionan por instintos: tienen hambre y buscan comida, tienen sed y buscan agua, tienen miedo y huyen. Pero los humanos no saben lo que quieren y sus comportamientos son impredecibles... y nada respetan.
Muchas gracias, Aire... y un abrazo más que humano.
 
Ya les llegará ya como llegará el día en que continues con este escrito diciendo lo que les pasó.
Fuerte abrazo desde Madrid Alonso.
Hola Luis y muchas gracias por venir y entender esta impotencia ante lo absurdo y criminal de ciertos congéneres, que vergüenza me da que lo sean.
Espero que reciban su merecido aunque yo no me entere y sigan en su anonimato.
Un gran abrazo, Luis, desde esta pequeña aldea.
 
Qué existencia tan mísera debe tener aquel que sólo disfruta
con la barbarie, qué valentía,puede sentirse orgulloso el muy cabrón
se ha ganado con creces el título de escoria.Mejor no sigo...
una pierde la compostura con estas atrocidades.
Yo tuve una perra que cortaba el viento con sus andares
y alguien un día la mató ¿el motivo?sólo el que puso la soga en su cuello lo sabe.
Un abrazo, mi amigo entero,uno grande...
¡Qué miserable puede llegar a ser el ser humano! Creer que se está por encima de cualquier vida ajena y no pararse a pensar que la suya no vale un comino y sería plenamente prescindible en un mundo natural y compartido.
Un cobarde ahorcó a tu perrita y otro mató al Roget... y los dos a sangre fría y a escondidas... El destino es caprichoso, dicen, y espero que ese capricho no los deje impunes.
Besos de este amigo triste pero entero… y feliz finde Rosario.
 
Alonso, cuánto mal nacido hay en este mundo y qué cruda realidad, triste muy triste, que se pudran los mal nacidos.

Queda al menos el derecho a protesta en letras y desahogar el dolor que se siente, la impotencia nos mata. un abrazo en la distancia y vaya que no hay palabras de consuelo para esto,

ligiA
Queda la tristeza y la impotencia de no poder entender ciertos comportamientos de los mal llamados humanos.
En un primer momento uno se cree fuerte... y después de recoger y enterrar al pobre Roget empieza a calentarse la cabeza y a ponerse triste y a calentarse más... y cada vez más triste se pone a escribir...
Un abrazo de vuelta, Ligia, y muchas gracias por tu comprensión.
 
Hola Luis y muchas gracias por venir y entender esta impotencia ante lo absurdo y criminal de ciertos congéneres, que vergüenza me da que lo sean.
Espero que reciban su merecido aunque yo no me entere y sigan en su anonimato.
Un gran abrazo, Luis, desde esta pequeña aldea.

Siempre es un placer disfrutar de tu maestría Alonso.
¿desde que pequeña aldea?
Fraternal abrazo desde esta locura de Madrid.
 
Hoy me sacaste el odio, compañero,
esa arma letal que me asesina,
viniste a mi aldea por la noche
ebrio de juventud tan mal nacida
que hiciste pagar tus desvaríos,
tu exceso de alcohol y tu porfía
al más noble de los gatos callejeros,
felino contiguo al alma mía.

Llevabas compañía, no lo dudo,
te erigiste en rey de los miserables;
alguien habrá reído tus (des)gracias,
otro habrá dicho “deja al gato, no lo mates”.
Pero tú, por encima de todos y de todo,
obraste.

Lo habrás llamado,
él siempre acudía:
rubio, cojo,
con una oreja partida
y un corazón gigante.
Te pidió comida, caricias…
¿Qué le diste?

Lo tuviste en tus manos asesinas…
¡Qué poco somos en manos de un cobarde!
La plaza, la fuente, la noche
fueron testigos
junto a otros cobardes.

Esta mañana me levanté y vi
el frontal de la fuente lleno de sangre,
cuatro botellas esparcidas por el suelo
y al “Roget” delante;
muerto, encima de la última piedra
a la que pude llorarle.
Grato leerte en esta historia versada. Hay encuentros complicados en la vida y hay que sacar lo
mejor de todo en estas experiencias no gratas. Saludos Alonso. Muchas gracias.
 
Siempre es un placer disfrutar de tu maestría Alonso.
¿desde que pequeña aldea?
Fraternal abrazo desde esta locura de Madrid.
Es una pedanía cerca de Xàtiva; tiene 99 habitantes y prácticamente una calle y una plaza... la de la iglesia.
He estado muchas veces en Madrid y confieso que me gusta; al menos los fines de semana. Hubo una época que me llevaba hasta el pastor alemán... y ese lo pasaba peor.
Un abrazo hasta la capital, Luis.
 
Grato leerte en esta historia versada. Hay encuentros complicados en la vida y hay que sacar lo
mejor de todo en estas experiencias no gratas. Saludos Alonso. Muchas gracias.
Hola Elisalle. Alegría verte aunque el tema sea triste y sirviera para desahogar la impotencia del momento. No de todo se puede aprovechar la experiencia, pero se alivia.
Muchas gracias y un saludo, poetisa de allende los mares.
 
Compañero Alonso me ha llegado al corazón tu poesía que pinta a la perfección la maldad humana, Ahora estoy segura que Roget estará habitando la nube gatuna junto a Gregoria que partió hace muy poco y nos ha dejado un profundo dolor.
En esa nube estarán Gregoria y el Roget... y tantos y tantos gatunos que pasaron por nuestras vidas.
Se hace duro ver que se repiten estos actos de violencia sin sentido; ya sé que no son personas, pero nadie se merece el maltrato y en ocasiones como esta te toca de cerca la barbarie.
Muchas gracias, Mary, un abrazo y a recuperarse de estas pérdidas que también duelen lo suyo.
 
Hoy me sacaste el odio, compañero,
esa arma letal que me asesina,
viniste a mi aldea por la noche
ebrio de juventud tan mal nacida
que hiciste pagar tus desvaríos,
tu exceso de alcohol y tu porfía
al más noble de los gatos callejeros,
felino contiguo al alma mía.

Llevabas compañía, no lo dudo,
te erigiste en rey de los miserables;
alguien habrá reído tus (des)gracias,
otro habrá dicho “deja al gato, no lo mates”.
Pero tú, por encima de todos y de todo,
obraste.

Lo habrás llamado,
él siempre acudía:
rubio, cojo,
con una oreja partida
y un corazón gigante.
Te pidió comida, caricias…
¿Qué le diste?

Lo tuviste en tus manos asesinas…
¡Qué poco somos en manos de un cobarde!
La plaza, la fuente, la noche
fueron testigos
junto a otros cobardes.

Esta mañana me levanté y vi
el frontal de la fuente lleno de sangre,
cuatro botellas esparcidas por el suelo
y al “Roget” delante;
muerto, encima de la última piedra
a la que pude llorarle.

Sentido poema. El último verso es conmovedor. Las personas podemos llegar a lo más alto y a lo más bajo.

Un abrazo cordial.
 
Gracias amigo las mascotas forman parte de nuestras familias y cuando los perdemos se siente un gran dolor aunque sabemos que han tenido una feliz vida ,pobres de los abandonados a su suerte a mered de los que se llaman personas
Este es el caso del Roget; nació y creció en la calle, a su suerte, y llegó a la edad adulta haciéndose un hueco en la manada a pesar de haber perdido una pata... pero tuvo la mala suerte de toparse con su asesino.
Muchas gracias Mary y un abrazo.
 
Hoy me sacaste el odio, compañero,
esa arma letal que me asesina,
viniste a mi aldea por la noche
ebrio de juventud tan mal nacida
que hiciste pagar tus desvaríos,
tu exceso de alcohol y tu porfía
al más noble de los gatos callejeros,
felino contiguo al alma mía.

Llevabas compañía, no lo dudo,
te erigiste en rey de los miserables;
alguien habrá reído tus (des)gracias,
otro habrá dicho “deja al gato, no lo mates”.
Pero tú, por encima de todos y de todo,
obraste.

Lo habrás llamado,
él siempre acudía:
rubio, cojo,
con una oreja partida
y un corazón gigante.
Te pidió comida, caricias…
¿Qué le diste?

Lo tuviste en tus manos asesinas…
¡Qué poco somos en manos de un cobarde!
La plaza, la fuente, la noche
fueron testigos
junto a otros cobardes.

Esta mañana me levanté y vi
el frontal de la fuente lleno de sangre,
cuatro botellas esparcidas por el suelo
y al “Roget” delante;
muerto, encima de la última piedra
a la que pude llorarle.

Repugnante que el ser humano pueda llegar a estos niveles de odio y de frialdad absoluta con los animales, pero tampoco es un acto que me sorprenda cuando perpetran continuamente estas mismas atrocidades contra su propia "especie". Sinceramente, amigo, soy muy poco optimista sobre el futuro que nos depararemos. Las palabras tolerancia, respeto, compasión, parece que se quedan a las puertas de nuestra oscura sinapsis neuronal.
Un abrazo, y sigue bien, amigo.
 
Repugnante que el ser humano pueda llegar a estos niveles de odio y de frialdad absoluta con los animales, pero tampoco es un acto que me sorprenda cuando perpetran continuamente estas mismas atrocidades contra su propia "especie". Sinceramente, amigo, soy muy poco optimista sobre el futuro que nos depararemos. Las palabras tolerancia, respeto, compasión, parece que se quedan a las puertas de nuestra oscura sinapsis neuronal.
Un abrazo, y sigue bien, amigo.
Hola Andreas. Este fue un poema visceral, de rabia e impotencia, que cada vez que leo vuelve a revivir el nudo en la garganta de aquella mañana. No son de fiar muchos de nuestros espécimenes "humanos", y de la tolerancia y el respeto ni hablemos.
El Roget sobrevivió a enfermedades y accidentes, pero no a la crueldad del hombre.
Un gran abrazo, amigo y compañero, y aquí seguimos disfrutando, siempre que se puede, de lo que nos rodea.
 
Hoy me sacaste el odio, compañero,
esa arma letal que me asesina,
viniste a mi aldea por la noche
ebrio de juventud tan mal nacida
que hiciste pagar tus desvaríos,
tu exceso de alcohol y tu porfía
al más noble de los gatos callejeros,
felino contiguo al alma mía.

Llevabas compañía, no lo dudo,
te erigiste en rey de los miserables;
alguien habrá reído tus (des)gracias,
otro habrá dicho “deja al gato, no lo mates”.
Pero tú, por encima de todos y de todo,
obraste.

Lo habrás llamado,
él siempre acudía:
rubio, cojo,
con una oreja partida
y un corazón gigante.
Te pidió comida, caricias…
¿Qué le diste?

Lo tuviste en tus manos asesinas…
¡Qué poco somos en manos de un cobarde!
La plaza, la fuente, la noche
fueron testigos
junto a otros cobardes.

Esta mañana me levanté y vi
el frontal de la fuente lleno de sangre,
cuatro botellas esparcidas por el suelo
y al “Roget” delante;
muerto, encima de la última piedra
a la que pude llorarle.
Que triste, mira que matar al gato, el alcohol es mal consejero pero hay gente que bebe y no hace esas barbaridades, creo que el asesino lo llevaba en su condición, me ha sobrecogido tu poema, tengo un minino al que adoro. Me ha gustado amigo Alonso. Un abrazo. Paco.
 
Que triste, mira que matar al gato, el alcohol es mal consejero pero hay gente que bebe y no hace esas barbaridades, creo que el asesino lo llevaba en su condición, me ha sobrecogido tu poema, tengo un minino al que adoro. Me ha gustado amigo Alonso. Un abrazo. Paco.
El alcohol muchas veces es la excusa para sacar los instintos escondidos; dicen que los niños y los borrachos no engañan a nadie y este asesino y cobarde menos que nadie.
Siempre he vivido rodeado de gatos y perros; y en el caso de los gatos me encanta su independencia… pero al Roget lo cogieron a traición.
Muchas gracias, Paco, y un gran abrazo de otro amante de los animales que acostumbra a dormir con un felino a los pies de la cama.
 

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