Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
María & Engel
Se disipan las dudas de tu inconsciente,
me alcanzan, me atrapan y enredan mi rol,
entre la escarcha de mis pensamientos
se disuelve gota a gota mi sed.
Van hacia ti desde un aire diferente
con los pasos de la lluvia cuando ríes
y el aire se hace giratorio
entre los movimientos de tus curvas.
Busco los estigmas del pasado,
en la anatomía de tu presente
donde se ahoga furtivo el pensamiento
y en los aledaños de tu mirada,
se refugian los latidos de mis estambres.
Tienes que dar un paso a tu costado
ese que teje con su alma el calendario,
ese que darás cuando las horas se hayan ido,
y verás el horizonte con mi sombra
bajo el cielo que oculta tus temores.
Fundes la quincalla de recuerdos anquilosados,
que en retórica memoria aturden;
se irán evaporando y marchitando,
acumulando en una montaña de miedos
que aún rezuman, cuál fantasma aletargado,
en las lagunas que mece mi consciente.
En mi cuerpo morirán ahogados los deseos,
ya no puedo defenderme
del dulce movimiento de tus ojos
sobre el reino excavado de mi pecho,
donde la incipiente sombra va enfriando
la huella caliente de tus sueños.
Se disipan las dudas de tu inconsciente,
me alcanzan, me atrapan y enredan mi rol,
entre la escarcha de mis pensamientos
se disuelve gota a gota mi sed.
Van hacia ti desde un aire diferente
con los pasos de la lluvia cuando ríes
y el aire se hace giratorio
entre los movimientos de tus curvas.
Busco los estigmas del pasado,
en la anatomía de tu presente
donde se ahoga furtivo el pensamiento
y en los aledaños de tu mirada,
se refugian los latidos de mis estambres.
Tienes que dar un paso a tu costado
ese que teje con su alma el calendario,
ese que darás cuando las horas se hayan ido,
y verás el horizonte con mi sombra
bajo el cielo que oculta tus temores.
Fundes la quincalla de recuerdos anquilosados,
que en retórica memoria aturden;
se irán evaporando y marchitando,
acumulando en una montaña de miedos
que aún rezuman, cuál fantasma aletargado,
en las lagunas que mece mi consciente.
En mi cuerpo morirán ahogados los deseos,
ya no puedo defenderme
del dulce movimiento de tus ojos
sobre el reino excavado de mi pecho,
donde la incipiente sombra va enfriando
la huella caliente de tus sueños.
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