Évano
Libre, sin dioses.
Al hombre del páramo sentado
que espera la muerte en silencio
de ululo de hielo de lo no vivido.
A ese vacío donde la noche sopla
la niebla y la nada de témpano.
A ese hombre que ya es
páramo gélido emanando
interior que congela la vida
y al sin cielo de los recuerdos
de una memoria con tumba eterna.
A ese hombre, a ese bloque de hielo
incrustado en infinita arista de sombra,
o esa silueta donde el viento se posa
como lápida y nicho de un vacío sin fin.
A ese hombre que ya no sufre siempre,
y a esos ojos cerrados a más ojos,
y a esos ojos que no abrieron nunca a ninguno.
A esa estatua, que ya es hombre, y recuerda
que de nada vale ser monumento gélido.
A esos pies desgastados de no encontrar,
y a esas manos cansadas de no recibir.
A ese hombre le diría que no fuera yo.
que espera la muerte en silencio
de ululo de hielo de lo no vivido.
A ese vacío donde la noche sopla
la niebla y la nada de témpano.
A ese hombre que ya es
páramo gélido emanando
interior que congela la vida
y al sin cielo de los recuerdos
de una memoria con tumba eterna.
A ese hombre, a ese bloque de hielo
incrustado en infinita arista de sombra,
o esa silueta donde el viento se posa
como lápida y nicho de un vacío sin fin.
A ese hombre que ya no sufre siempre,
y a esos ojos cerrados a más ojos,
y a esos ojos que no abrieron nunca a ninguno.
A esa estatua, que ya es hombre, y recuerda
que de nada vale ser monumento gélido.
A esos pies desgastados de no encontrar,
y a esas manos cansadas de no recibir.
A ese hombre le diría que no fuera yo.
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