Al viejo abandonado

Kabuki

Poeta recién llegado
Al viejo abandonado


Recuerdo cuando era joven
y tenía el pelo largo,
mi cama era un revoltijo,
y los soles andaban enamorados.
Mi padre me pagaba mis
estudios de derecho
y mis pantalones eran planchados
por las empleadas.
Las sabanas eran deliciosas,
podía dormir hasta tarde,
el futuro parecía comprado,
y el mar alzado.
Corría, con el auto, no mío,
pero mío, apostaba con la plata,
no mía, pero mía.
Creía que iba a ser poeta,
publicar libros, dar conferencias,
viajar a Barcelona,
pasear de vez en cuando por Quilca,
sentirme drogado con
esa noche estrellada.
Un día me dijeron que era bueno,
en el otro jamás me llamaron,
pensé que era un Rimbaud,
me di cuenta que andaba en Perú.
Soy propio, soy único,
la juventud se acababa y
no quería ver más que a mis ojos.
El primer trabajo, renuncie,
en el segundo, mi madre
padecía de cáncer.
La casa se quedo sola,
hubo desfalco, hipoteca,
ese sujeto llamado mi hermano
hizo timo. Abracadabra.
Trabajé y terminé mi relación
de 7 años.
Mis abuelos ya habían muerto,
las nubes se secaron.
Pasé los 30, solo y mal sentado.
Un cuartito por San Miguel,
una costra en la llaga,
mi habitación era sucia,
un archipiélago de cerillos.
Nadie llegaba.
Opté por las drogas, tan ricas
y deliciosas.
En el banco no se daban cuenta,
los números marean
al diablo.
Tuve relaciones a lo ping pong,
y en una el set de tiro,
la tipa embarazada, y a mi
que la pastilla.
Una matrona de aviso en poste,
una responsabilidad
de espada.
Nació y fui más infeliz.
Cumplía 45 años, la mitad
de 90 y un cuarto de piel arrugada.
Disfrutaba de esas cosas
que hacen los panzones, tomarse
sus cervezas, mantener
a la amante. Durar como un petirrojo,
y decir que fue un buen polvo.
Hacer un poco de mafia,
ser padrino de una tal Alejandra,
querer acostarme
con la esposa de mi compadre,
y si era posible ir a comer
un tacu tacu a sus espaldas.
Que dolor, he hinchazón, la
primera cagadera, el pañal era
la frazada, gritaba como un loco,
Rosa, Rosa, mi desayuno.
El huevo esta mal frito, el café
esta muy frío.
No oía lo que murmullaba.
Casa de mierda. Mierda de casa.
Las tuberías se hacen aguas
y los focos llamas.
Me doblo la cadera,
solo un dos de tres parados,
hola papá, ¿Qué quieren?
Se van. No se vayan.
Recuerdo cuando era joven,
y veía un viejo gruñón
desengañado, yo reía por qué
me sentía inteligente,
y juraba que nunca iba a estar
abandonado.
 

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