Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Uno se enamora del amor
escondido, si se degusta en dulce apego,
pero se gasta prodigiosamente, en resquemor,
cuando descubres que sölo fue un juego.
Comodines somos, de tahúres en su naipe,
sölo, esa carta que se tiene por si acaso,
una jugada, palabras de repaso,
incertidumbre, prisión, trampa con clave.
Cruzas el umbral cogido de su mano,
gritando al viento su nombre haciendo alarde,
pero luego resulta que ya es tarde,
silencio y desvelo en sueño vano.
Nadie sabe a ciencia cierta ¿Qué es amar?
Por eso siempre termina en olvidar.
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