Acostarme y cerrar los ojos fue inútil
en la oscuridad levantar un muro de cien verdades
cavar un pozo de mil razones de profundidad
hundirme en mis carencias movedizas y alfareras
dejarme tragar por la nada de la almohada
fue inútil.
Rozaste mi brazo... mi piel te sintió.
Se estremeció desesperada de amor.
De la tuya a la mía, en un segundo, eléctricas
millones de sensaciones
pasaron fulminando resistencias
metiéndose en mí como si fuera tuyo
arrojándose libertinas en invasión
por encima de mi alma en guardia.
Y me dividí.
Arrasado me fragmenté en deseos y necesidades
me arrastré como flujo detrás de tu energía
bebiéndola sediento en silencio.
Silencio mío, mío y tramposo.
Y volví a los muros, a los fosos y a los pozos
al vendaje de los ojos, a la lengua amordazada
a los pies fríos indiferentes
a pensar como yeso cuestiones de cartón
a mi balsa, a mi isla, a mi cueva
a respirarte oculto en mi simbólica muerte
a respirarte toda, terriblemente enojado
terriblemente
enamorado.