Déjame contemplar ese matiz transparente que te caracteriza al nacer,
¿Qué grado tienes hoy?...no te puedo oler.
Me acompañaste a esos viajes largos que los hacías cortos entre música
y diálogos, del ebrio néctar de tu ser baje al infierno, donde sentí raspar
con espinas punzantes mi alma, dejándole en despojos, que al día siguiente
aun con dolor no lograba resarcir, y tu, callado, esperándome sabias que
volvería a tomarte para olvidar el infierno interior; total, contigo dentro
la sonrisa llegaría, cuantas veces en esos momentos me sentí la dueña
del mundo alejada de la realidad, sonriéndole a la muerte cuando me
acercabas en accidentes. En celebraciones debías estar presente animando
el ambiente; tantos años de fines de semana en aventuras y desventuras
hoy terminan, te alejo de mi con una sonrisa, sin rencores y sin males;
tal vez te vuelva a ver de la mano de alguien en algún bar o café pero
ya no te beberé, hoy prefiero vivir sola en sobriedad que contigo en ebriedad.
¿Qué grado tienes hoy?...no te puedo oler.
Me acompañaste a esos viajes largos que los hacías cortos entre música
y diálogos, del ebrio néctar de tu ser baje al infierno, donde sentí raspar
con espinas punzantes mi alma, dejándole en despojos, que al día siguiente
aun con dolor no lograba resarcir, y tu, callado, esperándome sabias que
volvería a tomarte para olvidar el infierno interior; total, contigo dentro
la sonrisa llegaría, cuantas veces en esos momentos me sentí la dueña
del mundo alejada de la realidad, sonriéndole a la muerte cuando me
acercabas en accidentes. En celebraciones debías estar presente animando
el ambiente; tantos años de fines de semana en aventuras y desventuras
hoy terminan, te alejo de mi con una sonrisa, sin rencores y sin males;
tal vez te vuelva a ver de la mano de alguien en algún bar o café pero
ya no te beberé, hoy prefiero vivir sola en sobriedad que contigo en ebriedad.
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