Condúcete en aromas,
al deleite sin fin de los besos,
desarticulado lenguaje de pasiones lleno,
cuando besas hasta volver más rojo el coral de mi boca,
y luego encoges mis pezones erectos,
con suaves estímulos de felicidad ida,
y me agobia la imposibilidad aplastante,
de tu inseguro anhelo,
te muestras cavilante,
pero voy,
llamo a medianoche a la puerta de tu alma,
penetro tus sueños,
acaricio tu cuerpo,
venzo en tus hechizos,
¿cómo ama un hombre como tú?
no te enamoraré,
sólo saborearé del áspid
el mortal letargo
del placer que desfallece,
continuado, exultante,
por tu boca de fuego,
y me convida al tálamo
de un convite eterno,
donde siempre habrá vino,
donde siempre habrá boda,
entre tu cuerpo ardiendo,
concibiendo sutil invasión de tu presencia
con preciosa espada con que me atraviesas,
y es rojo el encaje que mi sexo lleva
para arder más y desangrarme gota a gota, en mi Eros,
y tú lo bebas, todo, el dolor, de no alcanzarte,
en ninguna de mis lidias,
descansas como arquetipo viviente
en el solio de mis doncellas ruinas,
mientras esparzo el laurel en el cuerpo de Apolo inviolado!
Soledades de delicados vientos,
aspiran tu deseo que despierta mi noche;
preñada de incendios y delirios,
tu magistral mirada
roba el fuego que mantiene virgen mi alma.
Tu Eros convertido, asomado a mi puerta,
a medianoche,
intempestivo,
acariciante,
me sostiene,
me consuela,
pero,
la herida deja,
luego llego a tu escondido lecho,
en mis noches de miedo,
y tu dolor no será más atosigante,
y verás ese cuerpo en que se expande tu llama,
con donaire y sin sedas,
el cabello envuelto en flores,
temible, oscuro, a tus sueños,
mientras cruzo el río de todos los destellos
que exploran el espíritu,
hasta alcanzar el muro
de tu imposible mirada,
el lugar utópico,
parece a veces real, matemático,
pero es un sueño...
En él me libero,
y sólo ahí, tú me alcanzas!
al deleite sin fin de los besos,
desarticulado lenguaje de pasiones lleno,
cuando besas hasta volver más rojo el coral de mi boca,
y luego encoges mis pezones erectos,
con suaves estímulos de felicidad ida,
y me agobia la imposibilidad aplastante,
de tu inseguro anhelo,
te muestras cavilante,
pero voy,
llamo a medianoche a la puerta de tu alma,
penetro tus sueños,
acaricio tu cuerpo,
venzo en tus hechizos,
¿cómo ama un hombre como tú?
no te enamoraré,
sólo saborearé del áspid
el mortal letargo
del placer que desfallece,
continuado, exultante,
por tu boca de fuego,
y me convida al tálamo
de un convite eterno,
donde siempre habrá vino,
donde siempre habrá boda,
entre tu cuerpo ardiendo,
concibiendo sutil invasión de tu presencia
con preciosa espada con que me atraviesas,
y es rojo el encaje que mi sexo lleva
para arder más y desangrarme gota a gota, en mi Eros,
y tú lo bebas, todo, el dolor, de no alcanzarte,
en ninguna de mis lidias,
descansas como arquetipo viviente
en el solio de mis doncellas ruinas,
mientras esparzo el laurel en el cuerpo de Apolo inviolado!
Soledades de delicados vientos,
aspiran tu deseo que despierta mi noche;
preñada de incendios y delirios,
tu magistral mirada
roba el fuego que mantiene virgen mi alma.
Tu Eros convertido, asomado a mi puerta,
a medianoche,
intempestivo,
acariciante,
me sostiene,
me consuela,
pero,
la herida deja,
luego llego a tu escondido lecho,
en mis noches de miedo,
y tu dolor no será más atosigante,
y verás ese cuerpo en que se expande tu llama,
con donaire y sin sedas,
el cabello envuelto en flores,
temible, oscuro, a tus sueños,
mientras cruzo el río de todos los destellos
que exploran el espíritu,
hasta alcanzar el muro
de tu imposible mirada,
el lugar utópico,
parece a veces real, matemático,
pero es un sueño...
En él me libero,
y sólo ahí, tú me alcanzas!