ALEGRÍA DE VIVIR
En qué insólito navío se va la tarde
cerrando tras de sí arco iris y las ventanas
que recaen sobre la nada
Amaga la nueva noche hendiendo silenciosa
el trasfondo azul del mar.
(Ya no existen gaviotas
o tal vez sí
tan sólo en su silencio)
Convoco a los espíritus maléficos
para compartir conmigo las dulzuras de lo exótico
renuente a abandonar su apariencia de mujer enamorada.
Es el impromtu de tu pronta perorata o paradoja
que sin control nace entre mis cabellos mesados
y riguroso impide que se encaje mi sombrero.
Es el paisaje agorero de pinos y lapislázuli
es la barca sin remeros que me aguarda
es el resonar asimétrico de la alegre zarabanda
para llevarme hasta tí
broncínea casualidad.
Llegan hasta mis ciegos oídos
los marítimos murmullos de la fiesta
Bailas para mí oh fantasma de la tarde que se va.
Caídos en desgracia tus abrazos no son míos
pero recuerdo aquellos olores a incienso
de los sagrados retiros de tu carne.
Nocturnas ofrendas votivas a los dioses que me habitan
en el vacío que modela las esferas
vacío como curva que trata de elevarse
persiguiendo el sonido de la alondra.
Soy yo como vacío interrumpido o cántico de sirena
tras el barco que es refugio de los pecados mortales.
Pecados cometidos con alfanjes refulgentes
mortales en su atracción por la herida irresoluble
que abre fontanas de sangre.
Cómo se funde tu cuerpo en la noche desvaída
cómo te vuelves aroma o música salmodiada
cómo me amaneces roca
que asustada mira al mar.
Tras la última ventana que cierra el navío de la tarde
quedan las huellas de tus miradas ausentes
Inesperados reflejos de tus ojos como lunas
enmudecen a las renacidas gaviotas.
Eres el infinito que de nuevo amanece en tu canción
Eres la última Penélope que desteje la sutil trama del tiempo
brindandoselo a dioses y unicornios
con suspiros irreverentes
Eres Galatea recien nacida de la pasión de Pygmalión
liberada de su mármol.
Eres todo eso que me es inaccesible.
Ilust.: Henri Matisse. “La danza”. 1909
En qué insólito navío se va la tarde
cerrando tras de sí arco iris y las ventanas
que recaen sobre la nada
Amaga la nueva noche hendiendo silenciosa
el trasfondo azul del mar.
(Ya no existen gaviotas
o tal vez sí
tan sólo en su silencio)
Convoco a los espíritus maléficos
para compartir conmigo las dulzuras de lo exótico
renuente a abandonar su apariencia de mujer enamorada.
Es el impromtu de tu pronta perorata o paradoja
que sin control nace entre mis cabellos mesados
y riguroso impide que se encaje mi sombrero.
Es el paisaje agorero de pinos y lapislázuli
es la barca sin remeros que me aguarda
es el resonar asimétrico de la alegre zarabanda
para llevarme hasta tí
broncínea casualidad.
Llegan hasta mis ciegos oídos
los marítimos murmullos de la fiesta
Bailas para mí oh fantasma de la tarde que se va.
Caídos en desgracia tus abrazos no son míos
pero recuerdo aquellos olores a incienso
de los sagrados retiros de tu carne.
Nocturnas ofrendas votivas a los dioses que me habitan
en el vacío que modela las esferas
vacío como curva que trata de elevarse
persiguiendo el sonido de la alondra.
Soy yo como vacío interrumpido o cántico de sirena
tras el barco que es refugio de los pecados mortales.
Pecados cometidos con alfanjes refulgentes
mortales en su atracción por la herida irresoluble
que abre fontanas de sangre.
Cómo se funde tu cuerpo en la noche desvaída
cómo te vuelves aroma o música salmodiada
cómo me amaneces roca
que asustada mira al mar.
Tras la última ventana que cierra el navío de la tarde
quedan las huellas de tus miradas ausentes
Inesperados reflejos de tus ojos como lunas
enmudecen a las renacidas gaviotas.
Eres el infinito que de nuevo amanece en tu canción
Eres la última Penélope que desteje la sutil trama del tiempo
brindandoselo a dioses y unicornios
con suspiros irreverentes
Eres Galatea recien nacida de la pasión de Pygmalión
liberada de su mármol.
Eres todo eso que me es inaccesible.
Ilust.: Henri Matisse. “La danza”. 1909