Aitor de la Vega
Poeta recién llegado
Esos paraísos azules tuyos,
que casi todos mis miedos hicieron desaparecer,
todos, menos el miedo a querer.
Todas tus caricias que quedaron tatuadas en mi piel.
Preferí el olvidó al amor,
preferí la pena al posible dolor.
No quise aceptar que eras tú la que me cautivó.
No tengo excusas que blandir,
es cierto, como un cobarde preferí huir.
Nunca me acostumbre a ese sentir,
y a ti no te podía mentir,
asique, como viste, desaparecí.
Para bien o para mal, recuerdo cada momento junto a ti.
Tu rostro, tus besos, tus caricias, tu forma de reír,
tu nombre que el vaho en el cristal hace revivir.
Ahora, desde la distancia y el tiempo, solo me queda decir:
Alexandra, siempre estarás en mí.
que casi todos mis miedos hicieron desaparecer,
todos, menos el miedo a querer.
Todas tus caricias que quedaron tatuadas en mi piel.
Preferí el olvidó al amor,
preferí la pena al posible dolor.
No quise aceptar que eras tú la que me cautivó.
No tengo excusas que blandir,
es cierto, como un cobarde preferí huir.
Nunca me acostumbre a ese sentir,
y a ti no te podía mentir,
asique, como viste, desaparecí.
Para bien o para mal, recuerdo cada momento junto a ti.
Tu rostro, tus besos, tus caricias, tu forma de reír,
tu nombre que el vaho en el cristal hace revivir.
Ahora, desde la distancia y el tiempo, solo me queda decir:
Alexandra, siempre estarás en mí.