Alfredo Stamatio

Flavio Hugo Ruvalcaba

Poeta adicto al portal
(Este poema está dedicado a la memoria del licenciado Alfredo Stamatio López, quien fue Director de Coordinación con el Registro Civil de la Dirección General del Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, en la época de los terremotos que sufrió la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985. Nuestras oficinas se localizaban en un edificio de diez niveles en la avenida Río de la Loza, que a duras penas resistió el embate de la naturaleza; a unos cuantos metros había quedado sobre la calle la gigantesca antena de la empresa Televisa. Mi cargo era el de Jefe del Departamento de Estudios Legislativos. El licenciado Stamatio era un político profesional, serio, de un carácter noble, previsible, por lo que se ganó el respeto y el cariño de sus subordinados. Había sido Delegado Político en Cuauhtémoc, la delegación del Distrito Federal más importante en ese tiempo, cuando el regente era el profesor Carlos Hank González. Después de su paso por la Secretaría de Gobernación habría de tener otros desempeños importantes en las secretarías de Turismo, y de Agricultura y Ganadería, así como en otras dependencias federales y estatales. La anécdota que se narra es enteramente verídica; unos días después de los sismos fuimos reubicados en La Ciudadela, un histórico edificio cercano a la avenida Río de la Loza, donde difícilmente podíamos concentrarnos para realizar nuestro trabajo. Una mañana el licenciado Stamatio y yo nos encontrábamos caminando sin rumbo por los pasillos del jardín que se encuentra en el ala sur, junto a un acceso al metro Balderas; la zozobra y el dolor ante el tamaño de la tragedia nos pasmaba. Fue allí donde me externó esa idea que ahora rescato. Al momento se me hizo original y de una extraña belleza, tal vez por esa sensibilidad a flor de piel que en esos días se posesionó de todos los capitalinos, ante la magnitud del desastre. El día de hoy supe en voz de mi hermano Elías Ruvalcaba que el licenciado Stamatio falleció en su casa de Puebla, víctima de un cáncer)


Hoy supe que moriste, amigo Alfredo,
y yo recuerdo, generoso jefe,
cuando una mañana el duelo nos juntó
aquel septiembre de los sismos
caminando en los pálidos jardines
de La Ciudadela.
Tu sapiencia política
tuvo en mí su discípulo
pero no fui el mejor.
Telúricas ideas y geólogos ejemplos
son tu herencia
y somos muchos tus herederos.
Pero a mí me regalaste, bondadoso jefe,
una de tus frases ese día:
Hugo, —me dijiste mientras veíamos en el suelo
la sombra del polvo disfrazar la ciudad—,
las aguas tienen memoria,
y el lago de Texcoco
algún día volverá
y nadaremos otra vez, sobre las casas.
Al concluir tu reflexión el paso detuviste,
como sorprendido por las ideas.
Hoy, que supe de tu muerte,
quiero recordarte en esa frase.
Tal vez tu vocación nunca fue de profeta
y nadie quiere que regresen los lagos.
Pero esa imagen que tus palabras crean
te cambió definitivamente:
ya no fuiste sólo el político,
mi preceptor en aquellas oficinas
a punto del colapso
de la Secretaría de Gobernación,
en Río de la Loza:
a partir de entonces eras también filósofo,
y en esa condición legaste para mí
este recuerdo.
Tu muerte se anticipa.
La tierra reclamó tu cuerpo.
Pero yo también tengo derecho a reclamar
tu retorno a este valle,
pues los cuerpos también tienen memoria.
 
Consentidísimo que hermoso homenaje...Eres super extremadamente sensible y noble.
Te quiero mucho y de verdad siento que tu amigo y jefe halla fallecido.

Besitos y abrazos super apretujaditos de jalea de mango muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuak....
 
Consentidísimo que hermoso homenaje...Eres super extremadamente sensible y noble.
Te quiero mucho y de verdad siento que tu amigo y jefe halla fallecido.

Besitos y abrazos super apretujaditos de jalea de mango muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuak....

Bellísima Angelluz, esa nobleza te corresponde a ti, pues sabes honrar la amistad sin condiciones ni reservas, te agradezco infinito que estés aquí, siempre con tus palabras de aliento y tus ricos besos. Yo también te envío los míos, de... fresas de Irapuato, mmmmmhhhhhh (ojalá te gusten, jijijijijijiji)
 
Querido Falvio, siento mucho el dolor que te ha causado la muerte de tan buen amigo, expreso mi cariño por ti desde el fondo de mi corazón y bueno, no está de más decir que has hecho un muy lindo homenaje a él.
Besos.
 
Doña Myriam;1324823 dijo:
Querido Falvio, siento mucho el dolor que te ha causado la muerte de tan buen amigo, expreso mi cariño por ti desde el fondo de mi corazón y bueno, no está de más decir que has hecho un muy lindo homenaje a él.
Besos.

Lindura, gracias por tu solidaridad, siempre tan buena amiga. Lamentablemente siempre sucede que pensamos que las personas no se van a ir; sentimos que van a estar con nosotros todo el tiempo. Y eso nos lleva al error de no decirles tantas cosas cuando se encuentran vivas. Por eso aprovecho este momento para decirte a ti algo: eres una excelente persona, nunca dejes tu alegría, mantén ese buen humor, y sigue escribiendo esos bellos poemas, te seguiré leyendo. Cuídate mucho. Abrazos
 
(Este poema está dedicado a la memoria del licenciado Alfredo Stamatio López, quien fue Director de Coordinación con el Registro Civil de la Dirección General del Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, en la época de los terremotos que sufrió la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985. Nuestras oficinas se localizaban en un edificio de diez niveles en la avenida Río de la Loza, que a duras penas resistió el embate de la naturaleza; a unos cuantos metros había quedado sobre la calle la gigantesca antena de la empresa Televisa. Mi cargo era el de Jefe del Departamento de Estudios Legislativos. El licenciado Stamatio era un político profesional, serio, de un carácter noble, previsible, por lo que se ganó el respeto y el cariño de sus subordinados. Había sido Delegado Político en Cuauhtémoc, la delegación del Distrito Federal más importante en ese tiempo, cuando el regente era el profesor Carlos Hank González. Después de su paso por la Secretaría de Gobernación habría de tener otros desempeños importantes en las secretarías de Turismo, y de Agricultura y Ganadería, así como en otras dependencias federales y estatales. La anécdota que se narra es enteramente verídica; unos días después de los sismos fuimos reubicados en La Ciudadela, un histórico edificio cercano a la avenida Río de la Loza, donde difícilmente podíamos concentrarnos para realizar nuestro trabajo. Una mañana el licenciado Stamatio y yo nos encontrábamos caminando sin rumbo por los pasillos del jardín que se encuentra en el ala sur, junto a un acceso al metro Balderas; la zozobra y el dolor ante el tamaño de la tragedia nos pasmaba. Fue allí donde me externó esa idea que ahora rescato. Al momento se me hizo original y de una extraña belleza, tal vez por esa sensibilidad a flor de piel que en esos días se posesionó de todos los capitalinos, ante la magnitud del desastre. El día de hoy supe en voz de mi hermano Elías Ruvalcaba que el licenciado Stamatio falleció en su casa de Puebla, víctima de un cáncer)


Hoy supe que moriste, amigo Alfredo,
y yo recuerdo, generoso jefe,
cuando una mañana el duelo nos juntó
aquel septiembre de los sismos
caminando en los pálidos jardines
de La Ciudadela.
Tu sapiencia política
tuvo en mí su discípulo
pero no fui el mejor.
Altas ideas y estoicos ejemplos
son tu herencia
y somos muchos tus herederos.
Pero a mí me regalaste, bondadoso jefe,
una de tus frases ese día:
Hugo, —me dijiste mientras veíamos en el suelo
la sombra del polvo disfrazar la ciudad—,
las aguas tienen memoria,
y el lago de Texcoco
algún día volverá
y nadaremos otra vez, sobre las casas.
Al concluir tu reflexión el paso detuviste,
como sorprendido por las ideas.
Hoy, que supe de tu muerte,
quiero recordarte en esa frase.
Tal vez tu vocación nunca fue de profeta
y nadie quiere que regresen los lagos.
Pero esa imagen que tus palabras crean
te cambió definitivamente:
ya no fuiste sólo el político,
mi preceptor en aquellas oficinas
a punto del colapso
de la Secretaría de Gobernación,
en Río de la Loza:
a partir de entonces eras también filósofo,
y en esa condición legaste para mí
este recuerdo.
Tu muerte se anticipa.
La tierra reclamó tu cuerpo.
Pero yo también tengo derecho a reclamar
tu retorno a este valle,
pues los cuerpos también tienen memoria.




He dejado por unos momentos "mi descanso" para dejarte mi admiración como poeta y un abrazo al hombre,al bello amigo que eres:::hug::::::hug:::cuídate
 
He dejado por unos momentos "mi descanso" para dejarte mi admiración como poeta y un abrazo al hombre,al bello amigo que eres:::hug::::::hug:::cuídate

Calorcito de Julio y de Abril, muchas gracias por leer este homenaje a un excelente amigo que desgraciadamente ha muerto, pero así es la vida, nunca entendemos que debemos homenajear también a los vivos, no esperar hasta que ya no se den cuenta de lo que los quisimos. Por eso en vida quiero rendirte a ti mi homenaje como magnífica amiga que eres. TQM
 
(Este poema está dedicado a la memoria del licenciado Alfredo Stamatio López, quien fue Director de Coordinación con el Registro Civil de la Dirección General del Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, en la época de los terremotos que sufrió la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985. Nuestras oficinas se localizaban en un edificio de diez niveles en la avenida Río de la Loza, que a duras penas resistió el embate de la naturaleza; a unos cuantos metros había quedado sobre la calle la gigantesca antena de la empresa Televisa. Mi cargo era el de Jefe del Departamento de Estudios Legislativos. El licenciado Stamatio era un político profesional, serio, de un carácter noble, previsible, por lo que se ganó el respeto y el cariño de sus subordinados. Había sido Delegado Político en Cuauhtémoc, la delegación del Distrito Federal más importante en ese tiempo, cuando el regente era el profesor Carlos Hank González. Después de su paso por la Secretaría de Gobernación habría de tener otros desempeños importantes en las secretarías de Turismo, y de Agricultura y Ganadería, así como en otras dependencias federales y estatales. La anécdota que se narra es enteramente verídica; unos días después de los sismos fuimos reubicados en La Ciudadela, un histórico edificio cercano a la avenida Río de la Loza, donde difícilmente podíamos concentrarnos para realizar nuestro trabajo. Una mañana el licenciado Stamatio y yo nos encontrábamos caminando sin rumbo por los pasillos del jardín que se encuentra en el ala sur, junto a un acceso al metro Balderas; la zozobra y el dolor ante el tamaño de la tragedia nos pasmaba. Fue allí donde me externó esa idea que ahora rescato. Al momento se me hizo original y de una extraña belleza, tal vez por esa sensibilidad a flor de piel que en esos días se posesionó de todos los capitalinos, ante la magnitud del desastre. El día de hoy supe en voz de mi hermano Elías Ruvalcaba que el licenciado Stamatio falleció en su casa de Puebla, víctima de un cáncer)


Hoy supe que moriste, amigo Alfredo,
y yo recuerdo, generoso jefe,
cuando una mañana el duelo nos juntó
aquel septiembre de los sismos
caminando en los pálidos jardines
de La Ciudadela.
Tu sapiencia política
tuvo en mí su discípulo
pero no fui el mejor.
Altas ideas y estoicos ejemplos
son tu herencia
y somos muchos tus herederos.
Pero a mí me regalaste, bondadoso jefe,
una de tus frases ese día:
Hugo, —me dijiste mientras veíamos en el suelo
la sombra del polvo disfrazar la ciudad—,
las aguas tienen memoria,
y el lago de Texcoco
algún día volverá
y nadaremos otra vez, sobre las casas.
Al concluir tu reflexión el paso detuviste,
como sorprendido por las ideas.
Hoy, que supe de tu muerte,
quiero recordarte en esa frase.
Tal vez tu vocación nunca fue de profeta
y nadie quiere que regresen los lagos.
Pero esa imagen que tus palabras crean
te cambió definitivamente:
ya no fuiste sólo el político,
mi preceptor en aquellas oficinas
a punto del colapso
de la Secretaría de Gobernación,
en Río de la Loza:
a partir de entonces eras también filósofo,
y en esa condición legaste para mí
este recuerdo.
Tu muerte se anticipa.
La tierra reclamó tu cuerpo.
Pero yo también tengo derecho a reclamar
tu retorno a este valle,
pues los cuerpos también tienen memoria.


Amigo, no puedo más que dejar salir las lágrimas de emoción, de respeto y admiración, por los dos, por alumno y maestro, por jefe y subalterno, por amigos y compañeros en la tragedia y el estupor de esos días..., amigo, quisiera darte un abrazo, y decir que admiro de ti la fuerza interior, los recuerdos y las anécdotas que a menudo nos regalas y por tus bellísimas letras, y también que es para mi un privilegio llamarte amigo; y a pesar de que probablemente nunca llegue a darte ese abrazo, no importa, tengo una muy buena imaginación y un corazón muy amplio, besos y estrellas llenas de mi profunda admiración, muuuuuacks!:::hug::::::hug::::::hug::::::hug:::
 
Ladime Volcán;1332298 dijo:
Amigo, no puedo más que dejar salir las lágrimas de emoción, de respeto y admiración, por los dos, por alumno y maestro, por jefe y subalterno, por amigos y compañeros en la tragedia y el estupor de esos días..., amigo, quisiera darte un abrazo, y decir que admiro de ti la fuerza interior, los recuerdos y las anécdotas que a menudo nos regalas y por tus bellísimas letras, y también que es para mi un privilegio llamarte amigo; y a pesar de que probablemente nunca llegue a darte ese abrazo, no importa, tengo una muy buena imaginación y un corazón muy amplio, besos y estrellas llenas de mi profunda admiración, muuuuuacks!:::hug::::::hug::::::hug::::::hug:::

Ladime, así como tú dices haberte emocionado con este poema hecho de realidades, algunas tan crueles como la muerte, yo también estoy emocionado por tus palabras; las agradezco una a una en todo su valor, es más de lo que merezco y me conmueve la sinceridad y franqueza con que las dices. Espero que ese abrazo algún día nos lo podamos dar personalmente. El sábado 19 de abril, y hasta el domingo 18 de mayo, será la Feria Nacional de San Marcos, en el merito Aguascalientes, lugar donde vivo, así que... aquí nos vemos, qué tanto es tantito, jajajjajaja, tómate unas vacaciones. Saludos y besos mil.
 
(Este poema está dedicado a la memoria del licenciado Alfredo Stamatio López, quien fue Director de Coordinación con el Registro Civil de la Dirección General del Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, en la época de los terremotos que sufrió la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985. Nuestras oficinas se localizaban en un edificio de diez niveles en la avenida Río de la Loza, que a duras penas resistió el embate de la naturaleza; a unos cuantos metros había quedado sobre la calle la gigantesca antena de la empresa Televisa. Mi cargo era el de Jefe del Departamento de Estudios Legislativos. El licenciado Stamatio era un político profesional, serio, de un carácter noble, previsible, por lo que se ganó el respeto y el cariño de sus subordinados. Había sido Delegado Político en Cuauhtémoc, la delegación del Distrito Federal más importante en ese tiempo, cuando el regente era el profesor Carlos Hank González. Después de su paso por la Secretaría de Gobernación habría de tener otros desempeños importantes en las secretarías de Turismo, y de Agricultura y Ganadería, así como en otras dependencias federales y estatales. La anécdota que se narra es enteramente verídica; unos días después de los sismos fuimos reubicados en La Ciudadela, un histórico edificio cercano a la avenida Río de la Loza, donde difícilmente podíamos concentrarnos para realizar nuestro trabajo. Una mañana el licenciado Stamatio y yo nos encontrábamos caminando sin rumbo por los pasillos del jardín que se encuentra en el ala sur, junto a un acceso al metro Balderas; la zozobra y el dolor ante el tamaño de la tragedia nos pasmaba. Fue allí donde me externó esa idea que ahora rescato. Al momento se me hizo original y de una extraña belleza, tal vez por esa sensibilidad a flor de piel que en esos días se posesionó de todos los capitalinos, ante la magnitud del desastre. El día de hoy supe en voz de mi hermano Elías Ruvalcaba que el licenciado Stamatio falleció en su casa de Puebla, víctima de un cáncer)


Hoy supe que moriste, amigo Alfredo,
y yo recuerdo, generoso jefe,
cuando una mañana el duelo nos juntó
aquel septiembre de los sismos
caminando en los pálidos jardines
de La Ciudadela.
Tu sapiencia política
tuvo en mí su discípulo
pero no fui el mejor.
Telúricas ideas y geólogos ejemplos
son tu herencia
y somos muchos tus herederos.
Pero a mí me regalaste, bondadoso jefe,
una de tus frases ese día:
Hugo, —me dijiste mientras veíamos en el suelo
la sombra del polvo disfrazar la ciudad—,
las aguas tienen memoria,
y el lago de Texcoco
algún día volverá
y nadaremos otra vez, sobre las casas.
Al concluir tu reflexión el paso detuviste,
como sorprendido por las ideas.
Hoy, que supe de tu muerte,
quiero recordarte en esa frase.
Tal vez tu vocación nunca fue de profeta
y nadie quiere que regresen los lagos.
Pero esa imagen que tus palabras crean
te cambió definitivamente:
ya no fuiste sólo el político,
mi preceptor en aquellas oficinas
a punto del colapso
de la Secretaría de Gobernación,
en Río de la Loza:
a partir de entonces eras también filósofo,
y en esa condición legaste para mí
este recuerdo.
Tu muerte se anticipa.
La tierra reclamó tu cuerpo.
Pero yo también tengo derecho a reclamar
tu retorno a este valle,
pues los cuerpos también tienen memoria.


Muy valioso y emotivo homenaje postumo a ese amigo.

Placer leerte, amigo mejicano.

Un beso desde la patria de Bolívar.
 
(Este poema está dedicado a la memoria del licenciado Alfredo Stamatio López, quien fue Director de Coordinación con el Registro Civil de la Dirección General del Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, en la época de los terremotos que sufrió la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985. Nuestras oficinas se localizaban en un edificio de diez niveles en la avenida Río de la Loza, que a duras penas resistió el embate de la naturaleza; a unos cuantos metros había quedado sobre la calle la gigantesca antena de la empresa Televisa. Mi cargo era el de Jefe del Departamento de Estudios Legislativos. El licenciado Stamatio era un político profesional, serio, de un carácter noble, previsible, por lo que se ganó el respeto y el cariño de sus subordinados. Había sido Delegado Político en Cuauhtémoc, la delegación del Distrito Federal más importante en ese tiempo, cuando el regente era el profesor Carlos Hank González. Después de su paso por la Secretaría de Gobernación habría de tener otros desempeños importantes en las secretarías de Turismo, y de Agricultura y Ganadería, así como en otras dependencias federales y estatales. La anécdota que se narra es enteramente verídica; unos días después de los sismos fuimos reubicados en La Ciudadela, un histórico edificio cercano a la avenida Río de la Loza, donde difícilmente podíamos concentrarnos para realizar nuestro trabajo. Una mañana el licenciado Stamatio y yo nos encontrábamos caminando sin rumbo por los pasillos del jardín que se encuentra en el ala sur, junto a un acceso al metro Balderas; la zozobra y el dolor ante el tamaño de la tragedia nos pasmaba. Fue allí donde me externó esa idea que ahora rescato. Al momento se me hizo original y de una extraña belleza, tal vez por esa sensibilidad a flor de piel que en esos días se posesionó de todos los capitalinos, ante la magnitud del desastre. El día de hoy supe en voz de mi hermano Elías Ruvalcaba que el licenciado Stamatio falleció en su casa de Puebla, víctima de un cáncer)


Hoy supe que moriste, amigo Alfredo,
y yo recuerdo, generoso jefe,
cuando una mañana el duelo nos juntó
aquel septiembre de los sismos
caminando en los pálidos jardines
de La Ciudadela.
Tu sapiencia política
tuvo en mí su discípulo
pero no fui el mejor.
Telúricas ideas y geólogos ejemplos
son tu herencia
y somos muchos tus herederos.
Pero a mí me regalaste, bondadoso jefe,
una de tus frases ese día:
Hugo, —me dijiste mientras veíamos en el suelo
la sombra del polvo disfrazar la ciudad—,
las aguas tienen memoria,
y el lago de Texcoco
algún día volverá
y nadaremos otra vez, sobre las casas.
Al concluir tu reflexión el paso detuviste,
como sorprendido por las ideas.
Hoy, que supe de tu muerte,
quiero recordarte en esa frase.
Tal vez tu vocación nunca fue de profeta
y nadie quiere que regresen los lagos.
Pero esa imagen que tus palabras crean
te cambió definitivamente:
ya no fuiste sólo el político,
mi preceptor en aquellas oficinas
a punto del colapso
de la Secretaría de Gobernación,
en Río de la Loza:
a partir de entonces eras también filósofo,
y en esa condición legaste para mí
este recuerdo.
Tu muerte se anticipa.
La tierra reclamó tu cuerpo.
Pero yo también tengo derecho a reclamar
tu retorno a este valle,
pues los cuerpos también tienen memoria.


Es uno de los escritos más bello que le he leido,poeta,
un homenaje a alguien querido,un recuerdo a la amistad
y un recuerdo para esos momentos donde la "calamidad"
une al ser humano.
Vuelvo a ponerme de pie,vuevo a apladirte
¡ ME EMOCIONÉ ! jooooooooo
 

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