Tomasa
Poeta recién llegado
Seguro que te acuerdas,
a pesar de que no hubiera móviles;
el suelo sembrado de servilletas
blancas de papel, la tragaperras
echando su bronca de luces,
los chavales jugando en la sobremesa
de sus padres a menú del día
y botella de tinto por barba,
la gaseosa siempre en medio,
la espesa nube de tabaco
como una placenta de humo,
la partida de mus de los viejos
parroquianos irreductibles,
el eterno dominó,
los gritos, los tacos, las risas,
los abrazos, los tubos de cerveza,
los frutos secos,
aquel bendito ruido,
el estruendo de la vida verdadera.
Te acuerdas porque no hace
tanto de todo aquello;
la gente todavía se miraba a los ojos
y se reconocía mutuamente.
Hemos perdido algo
más que un bar.
a pesar de que no hubiera móviles;
el suelo sembrado de servilletas
blancas de papel, la tragaperras
echando su bronca de luces,
los chavales jugando en la sobremesa
de sus padres a menú del día
y botella de tinto por barba,
la gaseosa siempre en medio,
la espesa nube de tabaco
como una placenta de humo,
la partida de mus de los viejos
parroquianos irreductibles,
el eterno dominó,
los gritos, los tacos, las risas,
los abrazos, los tubos de cerveza,
los frutos secos,
aquel bendito ruido,
el estruendo de la vida verdadera.
Te acuerdas porque no hace
tanto de todo aquello;
la gente todavía se miraba a los ojos
y se reconocía mutuamente.
Hemos perdido algo
más que un bar.
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