Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un campanario de oxidado sonido
sobrevive solitario en el silencio,
e irrumpe mi semblante perfumado
de tranquilidad transitoria
descociendo una antigua herida,
en el fondo olvidado de mis entrañas,
abriendo la fuente de líquida angustia
que a forma de melancolía rasga las redes de mis ojos
sin poder retener el vidrio fundido de mis lágrimas
que se fugan en la dirección del llanto.
Algo parecido a la tristeza trilla y provoca desespero,
pues detrás de la mirada taciturna de mis lúgubres ojos,
reside una eterna sombra de ausencia con cuerpo de mujer,
con canto de pájaro nocturno,
con dientes quebrados de venganza;
con besos fingidos de muerte,
con caricias ebrias de mentiras,
con camino de sitios extraños;
y sostiene un frío puñal de pensamiento de acero
que se incrusta sin mesura hasta mis huesos.
huye mi dolor en medio de una invasión negra que hereda la noche,
emigran de mi alma desgastada
cruentos pensamientos sumergidos de sangre inocente.
Algo parecido a tu ausencia,
en forma de cicatriz viviente,
de llanto incansable,
de campos vacíos de alegría,
despierta las raíces frutales de la nostalgia
y se ensaña en contra de mi paz inventada
y de mi amor embustero.
Viejas baldosas grises que apagaban el aurora descansan en mi memoria
y rodean un trémulo de latidos opacos
que salpican charcos de vinagre,
enfrascando los segundos perdidos del tiempo.
Algo parecido a la ira me abraza
y me sostiene en el interior de una guitarra de lengua extranjera y muda,
haciendo perder la noción del silencio
recordando la decadente hora de muerte
que persigue las sombras intranquilas de mi huella intacta...