viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llevo algún tiempo
en mi casa pequeña
de sentir despacio.
Esa caracola que enmudece
la presencia del resto
y pinta de lejana nube
el ruido citadino.
Llevo algún tiempo
sin morder fusiles,
sin temblar de miedo
y sin abrir los ojos
para no hablar por ellos.
Llevo algún tiempo
con los oídos necios
de tantas palabras sordas.
Pero escucho con nitidez
como el espejo me cuenta
que llego demasiado cordero
para morir rebelde
y demasiado tarde
para ser un bonito cadáver.
Tú cabes en mi caracola,
siempre que no te mareen
las curvas que llegan al corazón,
y vengas vestida de abrazos
o salpiques besos sin previo aviso.
Me hallarás con bata y zapatillas,
probablemente fumando,
con escasa voluntad de cambiar el mundo
pero con férrea resistencia
a que el mundo no nos cambie.
Llevo algún tiempo
en mi casa pequeña
de sentir despacio
y eso, me regala
cierto carraspeo en la voz,
una feliz ignorancia,
y la hoguera dulce de tu presencia.
en mi casa pequeña
de sentir despacio.
Esa caracola que enmudece
la presencia del resto
y pinta de lejana nube
el ruido citadino.
Llevo algún tiempo
sin morder fusiles,
sin temblar de miedo
y sin abrir los ojos
para no hablar por ellos.
Llevo algún tiempo
con los oídos necios
de tantas palabras sordas.
Pero escucho con nitidez
como el espejo me cuenta
que llego demasiado cordero
para morir rebelde
y demasiado tarde
para ser un bonito cadáver.
Tú cabes en mi caracola,
siempre que no te mareen
las curvas que llegan al corazón,
y vengas vestida de abrazos
o salpiques besos sin previo aviso.
Me hallarás con bata y zapatillas,
probablemente fumando,
con escasa voluntad de cambiar el mundo
pero con férrea resistencia
a que el mundo no nos cambie.
Llevo algún tiempo
en mi casa pequeña
de sentir despacio
y eso, me regala
cierto carraspeo en la voz,
una feliz ignorancia,
y la hoguera dulce de tu presencia.