¿Alguna vez has oído
que alguien, por ti, susurraba
al umbral de tu infinito?
Impaciente te escuchaba.
Tersos molinos se yerguen
por el viento acongojado
a, esos, tus labios se prenden
en granate colorado.
Como intensos, ¡ay...rubores!
de un latido enamorado,
aureola de colores
de un resurgir aclamado.
¿Alguna vez has oído
cómo gime aquel suspiro
vertiéndose en arduo trago,
batiéndose con el destino?
¡Ay...casi, ya, sollozando!
Qué sirena es tu canción
que eleva cimiente y ser
cuál el caudal, corazón,
que quema razón y piel.
Más de una vez, yo, he escuchado,
riendose a mi interior.
Sé que, ello, había llegado,
porque renació la flor.
que alguien, por ti, susurraba
al umbral de tu infinito?
Impaciente te escuchaba.
Tersos molinos se yerguen
por el viento acongojado
a, esos, tus labios se prenden
en granate colorado.
Como intensos, ¡ay...rubores!
de un latido enamorado,
aureola de colores
de un resurgir aclamado.
¿Alguna vez has oído
cómo gime aquel suspiro
vertiéndose en arduo trago,
batiéndose con el destino?
¡Ay...casi, ya, sollozando!
Qué sirena es tu canción
que eleva cimiente y ser
cuál el caudal, corazón,
que quema razón y piel.
Más de una vez, yo, he escuchado,
riendose a mi interior.
Sé que, ello, había llegado,
porque renació la flor.