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Algunos poemas de Daisy Zamora poeta nicaragüence

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Este es un poema de la nicaragüense Daisy Zamora, nacida en 1950 en Managua. Es escritora, ex guerrillera, catedrática de la Escuela de Arte y de la Escuela de Periodismo. También es psicóloga. En 1967 publicó sus primeros poemas. Fue responsable en la clandestinidad de Radio Sandino y fue viceministra de cultura, trabajando con Ernesto Cardenal. Ha publicado varios libros de poesía y en 1992 publicó una antología de la poesía femenina de Nicaragua muy interesante. Lleva ya unos años viviendo en San Francisco, Estados Unidos.

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.


Espejismos

Siempre pensamos, ahora será distinto.

Y volvemos a creer.

De nuevo es bello el mundo. El secreto

oscuro del amor invade el cuerpo. Todos perciben

el resplandor del rostro.

Y la certeza de reposar —al fin— en algún pecho:

besos, manos entrelazadas, brazos,

cuerpos que se confunden, roces húmedos.

Espejismo que nos impide salir de este desierto.




Amigas/Hermanas


A Marta Zamora Llanes


Nada sucedió como lo habíamos previsto.

Pero estábamos recién llegadas a la vida
como a una gran ciudad.
Aturdidas por el bullicio de la multitud.

(Éramos como garzas a la vera de un río.
Heliotropos radiantes en la primera lluvia.
Un campo de algodón bañado por la luna.)

¿Cuándo fue que la Muerte empezó a visitarnos?

¿En qué momento, a cada una
por fin, nos alcanzó el desastre?

¿Cómo sobrevivimos a la devastación?

No lo sabemos. Cada quién hizo lo que pudo.
En la tierra arrasada quedaron los escombros
que hemos dejado atrás.

Pero a veces, sin quererlo, de pronto recordamos
que alguna vez las ruinas fueron antiguos reinos.

—Espejismos de reinos para el alma desierta.


Este amor

Para hablar de este amor se necesita
del silencio más hondo

donde no hay ya palabras
más que el corazón
apenas comprendiendo

cómo fue que la vida
dispuso aquel encuentro
inesperado

Por qué, a última hora
decidiste llegar,
por qué nuestros ojos se vieron
entre la multitud

Y por qué, al vernos, nos reconocimos,
si nada sabíamos la una del otro

Cómo se entretejió la delicada gasa
tan sutilmente que no nos percatamos
hasta aquel momento en que supimos
que estábamos perdidos
y no había remedio
ni regreso.

OTRO TIEMPO



Regresamos al lugar donde fuimos felices

acompañados de nuevos amigos.

Sentados uno frente al otro

tu mano ya no busca mi mano bajo la mesa.

A la sombra

están vacías las mesas que antes ocupábamos.

El mediodía blanquea los icacos en las más altas ramas,

las guayabas verdean entre las hojas verdes.


Hay cordialidad entre nosotros,

parecemos dos viejos amigos.

Con ternura, preñada de tristeza

miro las mesas y las sillas, muertas y solas.


PAISAJE ONÍRICO

A George

Tu cuerpo es un vergel que visito sonámbula,

bajo el espléndido solsticio del verano.

Tu cuerpo es la Primavera de Vivaldi

que brota de los violines y florece

en la vibrante levedad del aire.

Tu cuerpo es aquella rara bandada de gaviotas

volando sobre el desierto en el cielo de octubre.


Tu cuerpo es la deslumbrante cauda del cometa:

un reguero de estrellas en la noche absoluta.


Tu cuerpo es el devenir inmemorial del tiempo

y el incesante latido del corazón del mar.

Tu cuerpo es un niño que todavía espera

el abrazo imposible de su padre.

Tu cuerpo es añoranza de viejos aguaceros

y verdor de paisajes perdidos para mí.

Tu cuerpo es tierra, agua, sol, llanto que brota

desde el fondo insondable de la infancia.


https://ninapenya.wordpress.com/2018/08/11/daisy-zamora-y-tres-poemas-imprescindibles/
 
Última edición:
no diré nada de san francisco, porque hablaría desde la envidia.

habiendo pasado este no-ataque sin piedad a la daisy, te diré que has traído unos poemas preciosos isinha. amigas/hermanas, este amor y otro tiempo son poemas de un grado de calidad altísimo. la daisy es muy buena.

los nicas compensamos el infierno, la pobreza, la locura y nuestros complejos con literatura de la buena, desde siempre.

Hay cordialidad entre nosotros,

parecemos dos viejos amigos.

éstos dos versos son terribles jajaja. me parece que nada asusta más el corazón que la cordialidad de la friendzone.

un abrazo isinha.
 
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Este es un poema de la nicaragüense Daisy Zamora, nacida en 1950 en Managua. Es escritora, ex guerrillera, catedrática de la Escuela de Arte y de la Escuela de Periodismo. También es psicóloga. En 1967 publicó sus primeros poemas. Fue responsable en la clandestinidad de Radio Sandino y fue viceministra de cultura, trabajando con Ernesto Cardenal. Ha publicado varios libros de poesía y en 1992 publicó una antología de la poesía femenina de Nicaragua muy interesante. Lleva ya unos años viviendo en San Francisco, Estados Unidos.

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.


Espejismos

Siempre pensamos, ahora será distinto.

Y volvemos a creer.

De nuevo es bello el mundo. El secreto

oscuro del amor invade el cuerpo. Todos perciben

el resplandor del rostro.

Y la certeza de reposar —al fin— en algún pecho:

besos, manos entrelazadas, brazos,

cuerpos que se confunden, roces húmedos.

Espejismo que nos impide salir de este desierto.




Amigas/Hermanas


A Marta Zamora Llanes


Nada sucedió como lo habíamos previsto.

Pero estábamos recién llegadas a la vida
como a una gran ciudad.
Aturdidas por el bullicio de la multitud.

(Éramos como garzas a la vera de un río.
Heliotropos radiantes en la primera lluvia.
Un campo de algodón bañado por la luna.)

¿Cuándo fue que la Muerte empezó a visitarnos?

¿En qué momento, a cada una
por fin, nos alcanzó el desastre?

¿Cómo sobrevivimos a la devastación?

No lo sabemos. Cada quién hizo lo que pudo.
En la tierra arrasada quedaron los escombros
que hemos dejado atrás.

Pero a veces, sin quererlo, de pronto recordamos
que alguna vez las ruinas fueron antiguos reinos.

—Espejismos de reinos para el alma desierta.


Este amor

Para hablar de este amor se necesita
del silencio más hondo

donde no hay ya palabras
más que el corazón
apenas comprendiendo

cómo fue que la vida
dispuso aquel encuentro
inesperado

Por qué, a última hora
decidiste llegar,
por qué nuestros ojos se vieron
entre la multitud

Y por qué, al vernos, nos reconocimos,
si nada sabíamos la una del otro

Cómo se entretejió la delicada gasa
tan sutilmente que no nos percatamos
hasta aquel momento en que supimos
que estábamos perdidos
y no había remedio
ni regreso.

OTRO TIEMPO



Regresamos al lugar donde fuimos felices

acompañados de nuevos amigos.

Sentados uno frente al otro

tu mano ya no busca mi mano bajo la mesa.

A la sombra

están vacías las mesas que antes ocupábamos.

El mediodía blanquea los icacos en las más altas ramas,

las guayabas verdean entre las hojas verdes.


Hay cordialidad entre nosotros,

parecemos dos viejos amigos.

Con ternura, preñada de tristeza

miro las mesas y las sillas, muertas y solas.


PAISAJE ONÍRICO

A George

Tu cuerpo es un vergel que visito sonámbula,

bajo el espléndido solsticio del verano.

Tu cuerpo es la Primavera de Vivaldi

que brota de los violines y florece

en la vibrante levedad del aire.

Tu cuerpo es aquella rara bandada de gaviotas

volando sobre el desierto en el cielo de octubre.


Tu cuerpo es la deslumbrante cauda del cometa:

un reguero de estrellas en la noche absoluta.


Tu cuerpo es el devenir inmemorial del tiempo

y el incesante latido del corazón del mar.

Tu cuerpo es un niño que todavía espera

el abrazo imposible de su padre.

Tu cuerpo es añoranza de viejos aguaceros

y verdor de paisajes perdidos para mí.

Tu cuerpo es tierra, agua, sol, llanto que brota

desde el fondo insondable de la infancia.


https://ninapenya.wordpress.com/2018/08/11/daisy-zamora-y-tres-poemas-imprescindibles/

Qué gusto encontrarse con esta poeta, me han encantado sus poemas.
Coincido totalmente con Charlie, yo también me quedo con estos tres poemas: Amigas/Hermanas, Este amor, y Otro tiempo.
Todo un deleite, muchas gracias por traérnosla, un verdadero disfrute para este rato de descanso mañanero.
Un abrazo fuerte, querida Isabel,
Eva
 
Qué gusto encontrarse con esta poeta, me han encantado sus poemas.
Coincido totalmente con Charlie, yo también me quedo con estos tres poemas: Amigas/Hermanas, Este amor, y Otro tiempo.
Todo un deleite, muchas gracias por traérnosla, un verdadero disfrute para este rato de descanso mañanero.
Un abrazo fuerte, querida Isabel,
Eva
Hola Eva, qué bueno que estas poetas cobren tanta importancia aquí y ahora. Que nos hagan cómplices de sus versos.
Un fuerte abrazo, querida Eva.
Isabel
 

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