Armonia
Poeta veterana
Sucumbió al sueño
y despertó en el mismo sitio,
no había espejo, ni conejo.
En sus manos no estaban
la botella ni la llave
y el gato...
solo era su sombra.
El destino, un sombrerero
sin té ni respuestas,
solo una mesa de laberintos.
Pobre Alicia
sin aventura, sin reina
y sin corazón;
sufriendo la agonía
de vivir en la realidad,
ahogando su latidos
en una copa vacía.