Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En el cuarto remoto, espejos que son trastos,
les pasa por encima una fractura,
como si un moribundo quisiese seducir a una gaviota,
la imagen del gentío se emborrona,
la mirada se centra en el descuido, como si un campanario resonase entre horas,
y en el desván el techo resbalase en cada esquina,
y el cielo se pillase las uñas.
En ésa mi vivienda imaginaria, como -Cómo.- una víbora sin veneno ni lengua,
guarda tu semejanza bajo llave.
Los pasillos se vuelven lentos, los marcos de las puertas insolubles,
es la casa del viento arrojadizo, de rostro cuya vida es sedimento.
Mientras que me apalean los reflejos, venidos desde lejos,
combato contra el sueño, despierto mi intención,
el amor que inventé, sabiendo que ya fluyo en ambas direcciones
-Lejanías diversas en las que rompo halógenos,
la luz de tu moral despreocupada,
moral que se duplica y se propaga, de tu objetividad,
son equivocaciones que duermen en las olas.
Por otro lado, derecho de admisión, con mis ojos sangrantes,
mi diplomacia sin diploma, se contrae en poemas.-,
porque ambas son nacidas del cristal.
"Cuando veo en 3D, la esbeltez de mis cejas,
en mi cara sin filtros,
cuando la toqueteo, me siento fotogénico,
y otro genio, otro sabio, cuya influencia proviene de tu aroma,
la fragancia con que se rozan nuestros labios...
impresora de cutis -Sin ti no siento más que el clima que desprenden las ardillas -Fruto seco, oh, Fruto del pecado-."