Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ALISIOS DEL CARIBE
Ha decidido la naturaleza enviarnos
en voluminosos atados la brisa, la fragancia
de todos los aromas del Caribe,
el salitre del mar que ahora libera
las gaviotas en jaulas transparentes
y engulle el verdeazul de las aguas
martirizando el mediodía bajo la infame canícula.
Todos los sones nunca detienen su sincronía;
a la luz de las velas a medianoche
la danza con tambores sus festejos nunca finaliza,
disuelta va en el carnaval de fulgúreos colores
la gente que aún ríe bajo el régimen de la escasez y la desidia.
Todo esto ha venido a estrellarse con estrépito
en los ventanales de la casa y ha desbandado
con su escándalo de agujas fondillonas y apuradas ráfagas
las ropas guindadas en los quicios y traspatios,
yha asustado a la niña que relamía su líquido caramelo
a la vera de sus tres años reclinada.
Viene desde el trópico esta argucia encabritándonos el alma,
despeina los ramajes, nos azuza el misterio, embolata el almanaque,
¡Cuánto arde en la mirada su voracidad inmisericorde!
Sólo queda recibir a este frágil invitado,
ofrecerle desde la percusión o la arritmia rumbeadora
un valle de comparsas, un trago efervescente,
un torvo revuelo de mariamulatas,
para que siga anudando las desgracias
desarraigando los viejos horcones
que nos atan al desvelo, quizás así comience
la interminable parranda de la vida.
el salitre del mar que ahora libera
las gaviotas en jaulas transparentes
y engulle el verdeazul de las aguas
martirizando el mediodía bajo la infame canícula.
Todos los sones nunca detienen su sincronía;
a la luz de las velas a medianoche
la danza con tambores sus festejos nunca finaliza,
disuelta va en el carnaval de fulgúreos colores
la gente que aún ríe bajo el régimen de la escasez y la desidia.
Todo esto ha venido a estrellarse con estrépito
en los ventanales de la casa y ha desbandado
con su escándalo de agujas fondillonas y apuradas ráfagas
las ropas guindadas en los quicios y traspatios,
yha asustado a la niña que relamía su líquido caramelo
a la vera de sus tres años reclinada.
Viene desde el trópico esta argucia encabritándonos el alma,
despeina los ramajes, nos azuza el misterio, embolata el almanaque,
¡Cuánto arde en la mirada su voracidad inmisericorde!
Sólo queda recibir a este frágil invitado,
ofrecerle desde la percusión o la arritmia rumbeadora
un valle de comparsas, un trago efervescente,
un torvo revuelo de mariamulatas,
para que siga anudando las desgracias
desarraigando los viejos horcones
que nos atan al desvelo, quizás así comience
la interminable parranda de la vida.
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