Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Nadan pensamientos a tu lado,
mimando tus oídos con un susurro
y bordando los recuerdos que se trenzan
con alguna de tus risas.
Tu mano acaricia el aire,
y el aroma en la estela dibujada allá lejos,
se dispersa entre tantos caminos de luz,
de sonidos y de sombras del pasado.
Enarbolas una ceja
que se siente intimidada
por el roce apasionado de todas las miradas;
se priva en su candor
y deja que una lluvia esclava de tus ojos,
moje las pasiones desbordadas en mi corazón.
Atormentas con descaro
la piel que se me quema,
imaginas cosas que me saben a la esencia
del agua donde abrevas,
y con un beso matas esa sed
a que mi deseo me condena…
¡Que dulzura es tu martirio!
En silencio me encadenas...
a tu figura,
al velo eterno que enrarece la silueta de tu cuerpo…
como el perfume de mañana que matiza los helechos.
Gotas en tu cara,
cuentas de rocío vivo que condensan los versos,
que en el vacío te dedico;
rosas en tu cuello...
vida que me llega
cuando de noche me prestas las estrellas;
¡Eres tú, solo tú!
La princesa amada
que interpreta suave la música...
con que me cubro cuando yo te sueño.
mimando tus oídos con un susurro
y bordando los recuerdos que se trenzan
con alguna de tus risas.
Tu mano acaricia el aire,
y el aroma en la estela dibujada allá lejos,
se dispersa entre tantos caminos de luz,
de sonidos y de sombras del pasado.
Enarbolas una ceja
que se siente intimidada
por el roce apasionado de todas las miradas;
se priva en su candor
y deja que una lluvia esclava de tus ojos,
moje las pasiones desbordadas en mi corazón.
Atormentas con descaro
la piel que se me quema,
imaginas cosas que me saben a la esencia
del agua donde abrevas,
y con un beso matas esa sed
a que mi deseo me condena…
¡Que dulzura es tu martirio!
En silencio me encadenas...
a tu figura,
al velo eterno que enrarece la silueta de tu cuerpo…
como el perfume de mañana que matiza los helechos.
Gotas en tu cara,
cuentas de rocío vivo que condensan los versos,
que en el vacío te dedico;
rosas en tu cuello...
vida que me llega
cuando de noche me prestas las estrellas;
¡Eres tú, solo tú!
La princesa amada
que interpreta suave la música...
con que me cubro cuando yo te sueño.
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