Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Allí, aquí, la muerte
Allí, donde se hizo la noche,
custodiando silenciosos pasos,
llegó a mí la amapola,
ternura propia de mi ser,
encanto abismal de sus rodillas.
Aquí, entre mis brazos, soñadora,
estipulando palabras al cielo,
perdida era la pasión,
cantos en la noche hacían el campo,
impulso de dos seres: el amor.
Anclando levemente el proceder,
proceder de sus palabras eternas,
transcursos de momentos,
sátira de un amor engendrado.
Justo allí, donde se formó el camino,
forjó el destino de dos cuerpos enamorados,
pasión elevada al sueño; su ternura,
y el tiempo matizando una vida conyugal.
Ahora he de verme aquí,
presenciando su muerte,
el pódium de un corazón aplastado,
la caricia más vil: un adiós.
No obstante aquí, la muerte
refleja la verdad de la vida,
el pestañar de un segundo puede ser fatal,
expresividad compleja de lo que no sabemos,
esa cumbre misteriosa de un porqué instantáneo.
Nicolás Bera
29/03/2010
Allí, donde se hizo la noche,
custodiando silenciosos pasos,
llegó a mí la amapola,
ternura propia de mi ser,
encanto abismal de sus rodillas.
Aquí, entre mis brazos, soñadora,
estipulando palabras al cielo,
perdida era la pasión,
cantos en la noche hacían el campo,
impulso de dos seres: el amor.
Anclando levemente el proceder,
proceder de sus palabras eternas,
transcursos de momentos,
sátira de un amor engendrado.
Justo allí, donde se formó el camino,
forjó el destino de dos cuerpos enamorados,
pasión elevada al sueño; su ternura,
y el tiempo matizando una vida conyugal.
Ahora he de verme aquí,
presenciando su muerte,
el pódium de un corazón aplastado,
la caricia más vil: un adiós.
No obstante aquí, la muerte
refleja la verdad de la vida,
el pestañar de un segundo puede ser fatal,
expresividad compleja de lo que no sabemos,
esa cumbre misteriosa de un porqué instantáneo.
Nicolás Bera
29/03/2010