Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube_share;rX-Rx-U8us4]http://youtu.be/rX-Rx-U8us4[/video]
Con el café negro, amargo como la vida,
sentada frente el fuego, escribo mi poesía.
Detrás de la ventana, la lluvia rompe mi silencio,
las horas pasan muy rápido, el tiempo jamás se detiene -
y revivo cada vez la esperanza perdida
de que algún día
llegaré a conocer felicidad...
O, por lo menos, de que pueda vivir en paz,
porque los momentos de risa son tan breves -
y porque ser el viento libre es cosa fugaz,
cuando por donde voy, siempre hay cadenas
de la tan odiada y tan maldecida, y tan fea realidad...
Y las calles se ahogan en su gris melancolía,
dándole sabor a mis versos que el alma sombría
compone en el homenaje a la oscuridad.
Música hermosa de este mi pequeño universo
le da calor a este fuego; sentimiento al poema -
y mata el silencio con la nota tanto extrañada
de una noche como esta, solitaria y muy fría,
cuando no brillan las estrellas ni hay luna
en lo alto del firmamento, y el único dilema
es soñar la vida - o vivir el sueño...
Cuando la voz distante de aquel antiguo mar
por la ansiedad desconocida me empieza a llamar,
salgo de pronto, vestida de la brisa, a pasear
por la orilla, más desolada y más blanca todavía,
más triste y más pensativa -
y siento que mi existencia no es más que agonía,
y anhelando perseguir el viento por los mares,
dejo perdida mi mirada en la lejanía -
como si pudiese ver más allá de las cosas...
Encerrada en el cuerpo, alma se marchita,
prisionera del olvido, a veces la siento - ¡a veces oigo cómo grita!
Envuelta en su presencia cuasi-empírica,
puedo ver cómo se materializa:
mi propio espíritu - corazón en ceniza...
Y aún no he muerto; aún estoy viva.
[09/09/2013]
Con el café negro, amargo como la vida,
sentada frente el fuego, escribo mi poesía.
Detrás de la ventana, la lluvia rompe mi silencio,
las horas pasan muy rápido, el tiempo jamás se detiene -
y revivo cada vez la esperanza perdida
de que algún día
llegaré a conocer felicidad...
O, por lo menos, de que pueda vivir en paz,
porque los momentos de risa son tan breves -
y porque ser el viento libre es cosa fugaz,
cuando por donde voy, siempre hay cadenas
de la tan odiada y tan maldecida, y tan fea realidad...
Y las calles se ahogan en su gris melancolía,
dándole sabor a mis versos que el alma sombría
compone en el homenaje a la oscuridad.
Música hermosa de este mi pequeño universo
le da calor a este fuego; sentimiento al poema -
y mata el silencio con la nota tanto extrañada
de una noche como esta, solitaria y muy fría,
cuando no brillan las estrellas ni hay luna
en lo alto del firmamento, y el único dilema
es soñar la vida - o vivir el sueño...
Cuando la voz distante de aquel antiguo mar
por la ansiedad desconocida me empieza a llamar,
salgo de pronto, vestida de la brisa, a pasear
por la orilla, más desolada y más blanca todavía,
más triste y más pensativa -
y siento que mi existencia no es más que agonía,
y anhelando perseguir el viento por los mares,
dejo perdida mi mirada en la lejanía -
como si pudiese ver más allá de las cosas...
Encerrada en el cuerpo, alma se marchita,
prisionera del olvido, a veces la siento - ¡a veces oigo cómo grita!
Envuelta en su presencia cuasi-empírica,
puedo ver cómo se materializa:
mi propio espíritu - corazón en ceniza...
Y aún no he muerto; aún estoy viva.
[09/09/2013]
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