Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Alma blanca,
que has asestado certera entre mis costillas,
dejando escapar un hilillo de vida,
junto a mi grito ronco que se dejó manosear
entre alaridos de miseria y una sutil blasfemia
que se ahogaban lejanos dolientes en mis oídos,
más mi súplica que no te adentres, más acaso la entiendes
y ríes refregándote al final de mi corazón,
que sólo aullaba nostalgia y un pellizco de perdón.
Alma blanca,
me dejaste tirado en el ripio
escupiendo blasfemia a tu sórdido concilio,
más las almas danzan como rito
delante, detrás..., al lado mío,
y la luz se nubla por la bruma,
hasta quedar un cordoncillo
y la noche se hace oscura,
hasta que de ver se ha vuelto martirio.
Arma blanca,
te meces enrostrada en el pómulo de mi cara,
y siento borbotones que surgen desde mi alma,
luego desespero y cubro mi llaga,
mis dedos se encolerizan surcando la mirada,
y duele mi alma con el arma ensartada,
que un día sin pedirlo se afincó enmarañada,
detrás de mi escarcha
y delante de mi estampa.
Arma blanca,
de mi alma ensangrentada,
hoy jugaste con la vida de esta silueta encantada,
que envanecida se prestaba,
a rodar por la vida despreciando su alma
y de su historia envejecida con una arma ensartada
se quedó un día sin luna sobre la bruma destilada......
que has asestado certera entre mis costillas,
dejando escapar un hilillo de vida,
junto a mi grito ronco que se dejó manosear
entre alaridos de miseria y una sutil blasfemia
que se ahogaban lejanos dolientes en mis oídos,
más mi súplica que no te adentres, más acaso la entiendes
y ríes refregándote al final de mi corazón,
que sólo aullaba nostalgia y un pellizco de perdón.
Alma blanca,
me dejaste tirado en el ripio
escupiendo blasfemia a tu sórdido concilio,
más las almas danzan como rito
delante, detrás..., al lado mío,
y la luz se nubla por la bruma,
hasta quedar un cordoncillo
y la noche se hace oscura,
hasta que de ver se ha vuelto martirio.
Arma blanca,
te meces enrostrada en el pómulo de mi cara,
y siento borbotones que surgen desde mi alma,
luego desespero y cubro mi llaga,
mis dedos se encolerizan surcando la mirada,
y duele mi alma con el arma ensartada,
que un día sin pedirlo se afincó enmarañada,
detrás de mi escarcha
y delante de mi estampa.
Arma blanca,
de mi alma ensangrentada,
hoy jugaste con la vida de esta silueta encantada,
que envanecida se prestaba,
a rodar por la vida despreciando su alma
y de su historia envejecida con una arma ensartada
se quedó un día sin luna sobre la bruma destilada......