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Alma Perdida

camicho

Poeta asiduo al portal
Cuánta ceniza ha consumido
cada paso o cada noche.
Un ¡hola! se cuenta por decenas.
Y el viento pretende arrancar las prendas
con la fuerza de su paso.
Raudo un automóvil
salpica todo sobre las aceras.
Ya es tarde pero se libera algún reproche.

Un cigarrillo casi ya consumido
se desprende hacia la pista,
se emprende la huida.
Dos siluetas conocidas a su diestra y siniestra
sobrepasan su cuerpo, llenan la retina.
En explosiva marcha la voz de ¡corre! Es tácita.
Iniciada la carrera los latidos se escuchan,
el aire se hace denso
y con la gravedad contienen el vertiginoso paso.
La pregunta está presente
¿Qué es lo que los acecha ?
pero el miedo no comprende y el instinto responde la duda.
El pensamiento es inmune a la física
y ya a veinte metros en la esquina
gira hacia la izquierda saltando la cerca.

La curiosidad se impone sobre el resto de sensaciones.
Mientras corre posa la quijada sobre el hombro,
la mirada rastrea en busca de quien motiva sus miedos.
Al instante, un estruendoso ruido que ensordece.
Supone que del cañón que se ilumina por la salida de una bala.
Nuevamente la mirada al frente.
Sorprendido queda, le ha salpicado sangre ajena.
El sujeto de la izquierda que acompaña tal travesía,
detiene su andar,
lentamente una voz se libera de sus entrañas,
en su boca no cabe tal grito de dolor.

Él sigue su paso,
la fraternidad se olvida por el caído.
Son dos estruendos mas
no hubo tiempo de queja
para quien iba adelantado a su diestra,
un proyectil su cráneo destrozó.

Convencido ahora a la esquina quiere llegar
y aquella cerca saltar.
Tal es su deseo que su alma impaciente ya se encuentra allí.
De pronto el mundo gira en una eterna pausa
su rostro impactado sobre el pavimento;
preso aún por la aceleración y la fuerza se desliza;
sus palmas, rodillas y mejilla
calientes no exentas de dolor
han perdido parte de piel.

Un instinto, por el vivir, aun es motor para alzarse de su lecho.
Húmeda, es tibia y el olor a hierro se percibe.
Coge su vientre perforado
y lo presiona con fuerza
evitando que emane mas sangre.
El parpadeo es lento y observa la colilla de cigarro
aún siendo consumida por el viento,
escucha pasos acercarse a toda prisa.
Todo es nuboso, el dolor consume su aliento.
La complicidad de la noche le revela un último chispazo
una bala su corazón a picado.
El eco de la explosión escapa por las calles y el cielo
buscando almas perdidas en la esquina.
 

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