Teo Moran
Poeta fiel al portal
Se vertió el sonido del verano
con formas infantiles en la plaza,
una cierta nostalgia de días mejores,
también quedaron vestigios en el aire
y en las manos un suspiro de saldo
en la cadencia del pueblo tranquilo,
mas no es cierto que todo es melodía
cuando los trigales ya amarillean
en la curvatura del campo encendido.
En lo profundo, los brazos etéreos
darán cobijo al vuelo de la golondrina
con sus giros y tirabuzones dulces,
mientras en la calle larga y soleada
hay vida y muerte, luz y oscuridad,
pelo cano y arruga en el rostro,
risas inocentes que dan forma al mundo,
y en medio, un columpio vacío
donde sigue mi alma jugando
tal como lo hacía de niño.
Sé que el tiempo tomará para sí mi alma,
horadará mi piel con sus dedos,
y mis pasos cansados harán despacio
un último viaje por aquella calle,
oiré las risas inocentes en la plaza,
el vuelo alegre de las golondrinas,
oleré el pan recién horneado,
y a la sombra del insondable ciprés
volveré a sonreír como de niño.