Almuerzo con los vagabundos

ZADRO

Poeta recién llegado
Almuerzo con los vagabundos.
Comemos las tortas y compartimos el vino.
-¿Quieren trabajo muchachos?
-¡Disculpe yo no soy vagabundo! -me apresure a decir-.
-¿Bueno quieren trabajo o qué?
Yo me apunto su excelencia -respondió mi amigo-.
¿Y tu?-me dijo a secas-.



ZADRO
 
Última edición:
Almuerzo con los vagabundos en la barda de la Catedral.
Comemos las tortas y compartimos el vino. Un señorito se nos acercó de traje impecable y bien peinadito.
-¿Quieren trabajo muchachos?
-¡Disculpe yo no soy vagabundo! -me apresure a decir-.
-¿Bueno quieren trabajo o qué? Las ventanas necesitan limpieza. -El vagabundo y yo nos miramos, él se incorporo de un salto, todavía masticando su torta.
(El vagabundo hizo una reverencia, mientras guardaba la botella de vino en su gabardina).
-Excelente ejemplo muchachos ¿Y así quieren ser parte de la sociedad?
Esa pregunta me agarro por sorpresa, como decía mi hermano: sirves de mal ejemplo de como no debería comportarse una persona con sentido común.
El señorito se nos quedo mirando un rato ¿Entonces qué, vienen o no!
Yo me apunto su excelencia -respondió mi amigo-.
¡Y tu! -me dijo a secas el hombre-sito-.
Accedí, el trabajo consistía en limpiar las ventanas del Olimpo, un centro cultural de la ciudad. El lechuguino nos presento a Doña Miltre, la señora del aseo, que tenía una cara de bulldog y voz de fumadora, nos aventó dos cubetas con estropajos, esponjas y líquido para limpiar.

-¡A trabajar ratas! –Por fin contesto-.

La seguí como un corderito, subimos tres pisos.
-¡Empieza de aquí para abajo!

-¿Estás bien? Por aquí tontito- Una delicada cabe-cita que se asomaba de la ventana de alado.
-¡Estoy bien! Siendo honesto, hoy es la primera vez que hago esto señorita y me da vértigo-.
-Sara… señorita Sara-.
(Se dio la vuelta como si nada, moviendo su hermoso culito).
-¡Buen trabajo joven!-.
La barandilla no aguanto mi peso y caí tres pisos, por suerte alcance a fumar mi último cigarrillo -pensé mientras caía-.

Reconocí la silueta de Sara. Me sentía como un perro atropellado. La gente pasaba y tomaba fotos de sus celulares. Ya no sentía dolor, fue Sara quien me ayudo a levantarme, me llevo a una puerta y entramos a un cuarto, todo era muy limpio y ordenado, olía a jarabe para la tos.
¡Ojala estuvieras vivo? -me dijo tajante-.
Ya sea por caridad o solo su forma de ser, ella me curaba.
-¿Te gustaría ser mi guardián?- Me pregunto un día.
¿Pero cómo podía cuidarla ahora, si ella me veía como un muerto?
Me volví su guardián, cierta noche mientras dormía en el lugar que me asigno, se veía más pálida de lo normal, abrió el grifo de la bañera, acaricio mi mejilla y me dio un ultimo baño.
ZADRO


No he entendido nada, había muerto o es que se sentía en el cielo…
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba