Delarosa R.
Poeta recién llegado
El silencio que cuaja la nueva poesía
no demuestra respeto, tan solo decepción;
en otros tiempos, con otras voces, parecía
que Minerva la escurría de su corazón.
Sin esta rima cantante, el verso sería
unos besos forzados, simples y sin pasión,
y tampoco habría una princesa que ría
ante la sinfonía de esta eterna creación.
Las cuerdas gloriosas del arpa de oro de Apolo
han perdido sus formas, todas ellas han muerto
y tumbado en sus tumbas el cisne llora solo.
Pero yo, en mis noches de locura, aun vierto
a mi alambique…un jugo de fe que amará
y sus mejores alejandrinos sacará.
no demuestra respeto, tan solo decepción;
en otros tiempos, con otras voces, parecía
que Minerva la escurría de su corazón.
Sin esta rima cantante, el verso sería
unos besos forzados, simples y sin pasión,
y tampoco habría una princesa que ría
ante la sinfonía de esta eterna creación.
Las cuerdas gloriosas del arpa de oro de Apolo
han perdido sus formas, todas ellas han muerto
y tumbado en sus tumbas el cisne llora solo.
Pero yo, en mis noches de locura, aun vierto
a mi alambique…un jugo de fe que amará
y sus mejores alejandrinos sacará.